No es la primera vez que me pasa algo similar en la bahía de Sant Antoni, en Ibiza, y mira que está concurrida, pero cafres con grandes motoras que meten el piloto automático y pasan de todo los hay a raudales.
Al final, por mucho que te toque la moral (y otras cosas), no queda más que resignarse, esta gente pasan de llevar el canal 16 a la escucha o si lo llevan, está en el puente de mando que está, como viste, vacío. Los bocinazos no los escucharán porque el ruido de su motor y la distancia lo enmascaran. Grabar al otro barco... bueno, para el recuerdo. Al final, te queda acordarte de su familia, apartarte con tiempo de su derrota para no comerte su estela y si va a pasarte cerca, te haces con una lata del refresco que menos te guste de entre los que lleves a bordo y se lo estampas en el casco si tienes oportunidad, a ver si así la próxima vez se espabilan.
Menos lo de la lata, el resto me toca hacerlo en verano bastante a menudo.
