Es una escena lamentablemente habitual y reiterada.
De muy poco sirve perder el tiempo en denuncias y quejas si en realidad no ocurre nada grave.
Se unen dos factores en el comportamiento del navegante novel que se regala la gran motora, el primero el vértigo que les da encontrarse con una inmensa superficie despejada y sin obstáculo alguno. Precisan apuntar constantemente a cualquier barco que divisen delante para tener una referencia del poco tiempo en que se produce su aproximación y con ello interpretar la mucha velocidad que llevan, algo más dificil cuando no apuntan a nadie y solo divisan tierra lejana, cuando no un horizonte sin el menor cambio.
El segundo factor es imaginarse la gran sensación que causarán al pobre pendejo zarandeado cuando le vean pasar de cerca montado en su potente motora..., o sea la fardada en toda regla ya que la escena no es precisamente gratis, cuando menos que sirva para dar alguna satisfacción al ego...
Que con ello causan una situación de peligro, molestias al otro navegante, cuando no entrada de agua por las escotillas cuando en tiempo de calma se llevan abiertas, mojando los cochones,... eso ni pasa por la cabeza a ese tipo de usuario que se halla en otra dimensión.
Solo basta verles llegar a toda máquina a las calas y salir de ellas creando unas olas del copón para catalogarles.
Lo que si entienden es un buen bocinazo, la señalización del zarandeo con los brazos y un buen corte de mangas. Eso les deja en difícil situación ante sus invitados a los que poco les cuesta presenciar la escena inmediatamente tras tal advertencia.
Será que el mar no es inmenso como para tener que acercarse a tocar las narices.
El mes pasado presencié tal escena aspirante a nota. Una lancha de unos quince metros, conducida desde su fly bridge abarrotado de invitados, cruzó a veinte nudos el campo de regatas en plena competición de Laser haciendo slalom entre ellos para sortearlos.
La bronca salió de las Zodiac de la organización, pero el tío no se enteró ni redujo marcha alguna.
Hubiera sido curioso conocer que titulación ostentaba el pájaro y en que condiciones la obtuvo...
Alumnos aventajados de ese tipo de navegantes, por desgracia tan numerosos como los mosquitos, los usuarios de motos de agua.
Otro comportamiento que les distinguen es la necesidad de adeantar a toda máquina para alcanzar la bocana un poco antes cuando ven a un barco más lento en demanda de puerto. Si hace falta le pasan rozando, con el consiguiente peligro y posterior zarandeo. Cumplido su objetivo, cortan gas y te las ves y las deseas para que se muevan, ya que nada más placentero que alargar al máximo la entrada a puerto para que les vean pasar, y si entre los que miran hay akgún conocido, entonces el placer es inmenso.
Una práctica que da buen resultado cuando vas lejos y ya te conoces la costa es navegar distanciado de la misma dos o tres millas. La situación de confort es memorable.
Paciencia!

Saludos cordiales
