Mangas marinas, trombas de agua y caps de fibló
Las mangas marinas reciben varios nombres que describen el mismo fenómeno, como trombas de agua o caps de fibló (“cabezas de aguijón”, según mi mujer, que es catalana

). Su mecanismo de formación es muy parecido al de un tornado si bien, a diferencia de éstos, las trombas se generan siempre sobre el agua y se clasifican en dos tipos: las tornádicas, que son las más peligrosas y las no tornádicas que son, con diferencia, las más frecuentes en el Mediterráneo.
Fuente: tiempo.com
Empezando por las tornádicas, también llamadas mesociclónicas, se originan siempre en supercélulas, que son grandes nubes tormentosas que tienen un mesociclón en su interior. ¿Y que es un mesociclón? Una corriente ascendente en rotación alrededor de un eje razonablemente vertical; es decir, estas nubes esconden como regalito un “tornado” en su interior. Las razones de por qué se produce esta rotación tienen detrás varis teorías; una de las principales (o, al menos, la que yo conozco

) es que el “tubo” convectivo habitual, formado por corrientes ascendentes y descendentes, rota 90º y pasa así de tener un eje horizontal a otro vertical. Este tipo de trombas tornádicas pueden generar vientos de intensidad devastadora (hasta EF3 en la escala Fujita) y pueden llegar a penetrar en tierra, convirtiéndose entonces en tornados. Son extrañas en el Mediterráneo, si bien se dan: un caso no muy lejano fue la que se produjo en agosto de 2020 en Banyalbufar (Mallorca), que se adentró en la isla y derribó miles de árboles, con unos vientos que alcanzaron más de 120 nudos (EF2 en la escala Fujita).
En cuanto a las no tornádicas, mucho más frecuentes que las anteriores en nuestras costas, responden a una mecánica de formación no muy distinta a los anteriores, si bien se generan en nubes de desarrollo muy inferior, como cúmulos de tamaño medio, congestus o cumulonimbos no mesociclónicos. En todos estos casos, la intensidad del viento prácticamente nunca llega a EF1 y frecuentemente se sitúa entre los 40 y 60 nudos; éste es muy variable según nos acerquemos más o menos a su eje de rotación: por el principio de conservación del momento angular, la velocidad del viento va aumentando según nos aproximamos a su eje, y se va reduciendo según nos alejamos; su intensidad, muy inferior a las mangas tornádicas, hace que, a diferencia de éstas, se disipen rápidamente al tocar tierra, por lo que apenas suelen provocar daños de importancia tierra adentro.
En resumen, la mayoría de las trombas con las que nos encontraremos en el Mediterráneo son algo menos dañinas de lo que su amenazante aspecto sugiere. Ahora bien, en el mejor de los casos tendremos viento de F8 de dirección tremendamente variable y, en el peor, podemos encontrarnos con una manga tornádica… así que acercar el palo a la manga para fisgar a cuánto sube el anemómetro es un hábito muy poco recomendable y que, con un poco de mala de suerte, puede terminar mojándonos el tabaco.
Su predicción es complicada si bien, al ser un fenómeno tremendamente localizado, es razonablemente asequible no vernos alcanzados por ellas si reaccionamos con agilidad al ver aparecer una. La teoría dice que nuestra mayor velocidad de alejamiento se dará cuando su vector de movimiento y el nuestro sigan rumbos opuestos; así que, como el primero no lo podemos asegurar, lo que yo personalmente haría -sugerencias bienvenidas- a poco que su aspecto sea mínimamente feo es darle la popa y alejarme de ella como alma que lleva el diablo.
Continuará... (próximo y penúltimo episodio: reventones)
