Re: La Náutica que yo conocí y navegue en los 70.
Velocidad 02 nudos
Esta es la Náutica que me tocó vivir… Parte II
Ya estoy en tercero de Náutica, este curso fue durísimo, muchas horas de estudio, pocas horas de sueño, tenía ganas de tener dinero, pues mis padres ya no enviaban tanto como en el primer año; mi padre estaba enfermo, no vivíamos en Ceuta estábamos en Granada, mi madre cuidaba de él, ya retirado como militar y enfermo con una pierna amputada.
Una vez pasada las navidades del 66 en Granada, volví después a Cádiz, en febrero empecé a buscar trabajo en el puerto pesquero, en este principio de año tenía lo justo para pagar solo la pensión, algo para una comida al día, con 19 años cumplidos, encontré un trabajo, que era descargar cajas de pes‐ cado, de los pesqueros para llevarla a un congelador industrial que había en el muelle, el trabajo empezaba siempre sobre las cuatro de la mañana hasta las diez; estuve durante dos meses y medio.
Me salieron manchas negras en los hombros del frio de las cajas que tenían trozos de nieve, al sacarlas de la bodega, venían heladas y al contacto te quemaban durante el trasporte de las mismas, gané dinero y con ello pagué la compra de varios libros de estudio, pues ya no podía perder más tiempo, algo de ropa, un radiador eléctrico para estudiar de noche, en Cádiz, hay mucha humedad en las casas.
Hice un gran esfuerzo en los dos últimos meses que me quedaban para los exámenes y para final de mayo, suspendí, la Astronomía y Navegación, y Maniobras Carga y Estiba
En Setiembre aprobé Maniobras Carga y Estiba y me quedé con la famosa Astronomía y Navegación, para el siguiente año. Me pasé en Granada hasta las navidades, en enero me fui otra vez para Cádiz, no tenía suficiente dinero, pensé más en serio, buscar un nuevo trabajo. En Cádiz, con casi 20 años empecé a buscar algo, pero esta vez me fui directo a un embarque, necesitaba el contacto con la mar, había un pesquero que estaba atracado cerca del muelle de la fábrica de hielo, había dos personas hablando sobre algún problema que tenían para salir al día siguiente a faenar.
Me acerqué y les pregunté si tenían plaza de marinero para trabajar. Resultó que eran el patrón de pesca y el patrón de navegación, que hablaban sobre la necesidad que tenían sobre un engrasador para la máquina y un marinero de cubierta.
Subí al pesquero y allí me hicieron varias preguntas sobre la pesca, me pidieron que le enseñara las manos, me las tocaron y ambos se rieron, al unísono me dijeron que no sabía en donde me metía y que dentro de un mes no podría cerrarlas, me aceptaron, el patrón de cabotaje me hizo muchas preguntas sobre astronomía y el sextante, navegaba a la vista de la costa y con la sonda, algo con el Gonio. (Quería saber hasta dónde llegaban mis conocimientos náuticos).
Me dijeron que tenía que comprarme un colchón para mi uso, que trajera la Libreta de Inscripción marítima, al día siguiente por la mañana para el embarco. En la mañana del 24 de febrero de 1967 embar‐ qué como marinero en el buque pesquero “Nuevo San Jaime “, fue mi bautizo como marino mercante a bordo de un pesquero de arrastre. La travesía era de una marea (aproximadamente 40 días para regresar a puerto). La tripulación era de 12 tripulantes:
Un Patrón de pesca, un patrón de Cabotaje, un contramaestre y cinco marineros, dos engrasadores, un maquinista y un cocinero. Durante seis o siete días de navegación con rumbo a las costas de marruecos, empezamos a sacar las artes a cubierta para ojear su integridad y estado. Yo había estudiado el arte de la pesca de arrastre, sabía que dicha pesca, también conocida por el nombre de retro pesca, consistía fundamentalmente en el empleo de una red lastrada que barre el fondo del mar, capturando todo lo que encuentra a su paso, para mantener la red abierta durante la pesca, el arte cuenta con unas piezas, denominadas puertas, cuando están en el agua se mantienen separadas, lo que impide que se cierre la red. En la parte superior de la boca de la red lleva flotadores y la inferior una serie de lastres, no se espera a los movimientos del pez para su captura, sino que es el arte el que va en busca del pez.
A la altura de Casablanca se empezaron los lances, el Patrón de pesca tenía una libreta, en la cual esta‐ ban localizadas las playas (los sitios para echar las redes con garantía de que la pesca fuese buena), era una libreta que estaba llena de apuntes de toda una vida de lances, con sitios y sondas para encontrar pesca tan deseada por todos los Patrones. Según decían, estos patrones eran fichados como si fuesen jugadores de una liga del mar, cobraban muchísimo, pues sin ellos te aventurabas a pasar días y días sin llenar el copo.
Se mantenía la red arrastrándola unas cuatro horas, mientras se prepara el segundo lance con otro apa‐ rejo ya preparado, era un trabajo muy duro día y noche, se recogían las artes, se abría el copo lleno de peces de todas clases, a nosotros solo nos interesaba la merluza y la bacaladilla, todo lo demás, con pa‐ las se tiraba al mar, teniendo un ejército de gaviotas siguiendo nuestro rumbo y recogiendo todo aquello que caía por la popa.
A veces miraba al sol y me paraba para ver si era un orto o un ocaso, perdí la noción del día y de la no‐ che, fueron dos semanas seguidas pescando, recogiendo el arte, una vez y otra, llevando las capturas a la bodega, tapándola con nieve en cajas y cajas de merluza y bacaladilla, hasta llenar casi completa la carga. Llegó una noche que llenamos la bodega, o un cupo, ya no me acuerdo, se puso un encerado en‐ cima que tapaba toda la entrada a la misma; los dos patrones echaban números sobre los kilos capturado y el posible beneficio en la descarga.
Se recogió y se limpió toda la cubierta, el patrón de pesca nos dirigió unas palabras de agradecimiento por el buen trabajo hecho, habría una buena paga a la llegada a tierra. Bueno pues solo nos quedaba las 475 millas que no separaban de nuestro puerto de arribada. Se cambió de rumbo y todos los marineros pasaban por el pequeño puente a dos horas llevando la caña del timón con el rumbo puesto por el patrón de costa, se montaba esas pequeñas guardias, se escuchaba música en la radio y las noticias de las emisoras españolas.
Nadie pudo sospechar que en menos de cuarenta y ocho horas iba a cambiar radicalmente la suerte a toda la tripulación…
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