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Grumete Pirata
 
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Predeterminado Re: La Náutica que yo conocí y navegue en los 70.

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Esta es la Náutica que me tocó vivir… Parte III


Creo recordar que estábamos comentando que, en el pesquero ya había llegado a su fin la pesca y regresábamos a puerto, con la bodega llena, sin conocer ni saber que nuestro destino nos preparaba una cita trágica.
No recuerdo los años del barco, pero sí que, por su abandono en su interior y exterior, tenía ya años y más que años, más millas navegadas de lo que yo pensaba, poco puesto al día sobre camarotes, bodega y el pequeño puente. Se puso rumbo norte, se empezó a montar guardia en el puente llevando la caña del timón por los marineros de cubierta durante una guardia de dos horas, todo ello acompañado por el Contramaestre y el Patrón de costa que vigilaban que todo rumbo puesto, fuese lo más exacto en la bitácora.

El Contramaestre montaba guardia de 08 a 12 de la noche y el Patrón de Cabotaje de las 00 a 06 de la mañana, después venían los marineros de dos en dos horas, de esta forma la noche estaba cubierta por los responsables de a bordo. Al día siguiente de empezar el regreso me tocó a mí la guardia de 06 a 08 de la mañana, hacia mal tiempo, mucho viento de proa y lloviznaba. El barco daba saltos entre olas y la hélice se disparaba fuera del agua, sonaba como cañonazos cada vez que la popa se levantaba, eran pasada las siete en el reloj del puente, el sol despuntaba en su orto casi tapado por nubes, en ese momento el Patrón de Pesca hizo su aparición en el puente con un tazón de café que olía a coñac, comentaba con los buenos días, que el viento y la mala mar nos haría perder velocidad y por supuesto tiempo para llegar a Cádiz.
Pensé, el viejo Patrón tiene razón, han pasado más de tres semanas que dejábamos de ver nuestro puerto de salida y esto nos va hacer llegar sabe Dios cuando…Al poco rato el pesquero fue levantado por una gran ola y caímos de proa contra la mar con la popa mirando al cielo, se escuchó como un trueno, se veía que ya no era normal el cabecear contra las olas que nos entraba por proa y barrían toda la cubierta, aquel ultimo ruido parecía como si el barco gritase, se escuchó el romperse algo de la máquina, al parecer una biela se había salido e hizo una brecha en el mamparo ,por donde entraba agua a la sala del motor. Enseguida el Patrón que estaba conmigo en el puente, me mando ir a dar la voz de alarma y que todo el mundo subiese a cubierta con el chaleco salvavidas, cerca del puente.

El agua seguía entrando y se notaba, se veía que el barco se apopaba con el peso del agua que entraba con mucha fluidez, pasaron como cinco o seis minutos, viéndose que aquello tenía muy mala cara, que lo siguiente era el zozobrar del pesquero, los Patrones dieron gritos de ponerse los chalecos salva‐vidas a los que no lo tuviesen, acercarnos a la balsa que estaba alojada en un cilindro metálico y sujeta a cubierta. Algunos marineros y el cocinero lloraban por el temor a morir ahogados, gritando que no sabían nadar. El Contramaestre, el Patrón de Cabotaje y yo que permanecíamos en el puente nos fuimos a liberar la balsa de la cubierta, el contenedor de las balsas parecía viejas y lleno de desconchones de pintura y eso que eran de poliéster y fibra de vidrio, pero su aspecto exterior era feo; había que fijar a bordo una driza antes de lanzarlos por la borda y no intentar abrir los flejes que cerraban el contenedor, pues se romperían
automáticamente al hincharse la balsa. Arrojamos dos contenedores, después tiramos de las drizas, solo un contenedor se disparó y se abrió, el otro estaría estropeado, algo hizo que no funcionase, no se abrió.

La balsa‐salvavida estaba a unos dos metros del barco, y empezamos a tirarnos al agua para ir a ella, la mar estaba helada, era difícil nadar vestido con el chaleco salvavida, a empujones y agarrándonos como podíamos fuimos subiendo a la balsa, unos más rápido que otros.
Dentro de la balsa vimos a dos marineros y al cocinero en la cubierta del pesquero que casi se hundía; sin pensarlo el contramaestre se lanzó al mar , con la ayuda de unos aros salvavidas ayudó a los tres tripulantes que no sabían nadar, chillaban , levantado los brazos para pedir la salvación de última hora o del último segundo; fueron acercándose a la balsa ,veíamos como detrás de ellos se veía un poco de la proa que ya estaba perdiéndose a la vista de todos, lo último que se vio fue una masa de gaviotas que sobrevolaban acechando las cosas que flotaban cerca del vórtice del hundimiento.

Un día y medio estuvimos flotando y creo que con las corrientes y el temporal de norte que nos soplaba con fuerza, nos hizo ir más al sur del naufragio. La balsa‐salvavida no tenía provisiones, ni agua potable, eso sí había una gran bolsa con caramelos de melaza, que como sabemos, (la melaza a diferencia de la azúcar refinada, tiene una carga glucémica moderada, que también es conocida como miel negra sa‐ cada de la caña de azúcar). Nos comimos casi la mitad de la bolsa. Había un pequeño botiquín y las clásicas bengalas, cohetes con señales de paracaídas. No recuerdo más de su interior eso sí, aunque la balsa era para 25 personas, para la docena que éramos nosotros nos venía muy estrecha.

Permanecíamos muy apretados y juntos, el frio era intenso, más con la ropa muy mojada y húmeda.
Estábamos asustados y preocupados por la baliza del SOS que lanzó el Patrón, vimos como una balsa no se abrió, se pensaba que podría haber problemas de funcionamiento, las horas pasaban, no se veía nada en nuestro horizonte, el rescate se veía como algo muy lejano. Sobre las cinco de la tarde del se‐ gundo día, oímos sonidos de sirena repetidamente, sacamos las cabezas de la balsa, vimos a un car‐ guero, que nos hacía señales, al acercarse a nuestra balsa que se mantenía meciéndose con las olas, al estar abarloado nos echaron una escala y subimos con mucha alegría por ser rescatados.

El capitán no hablaba español y la tripulación del Nuevo San Jaime, solo había uno que hablaba otro idioma el cocinero, que era gallego. Por lo tanto, me tocó a mi chapurrear el inglés que había aprendido en tres cursos, le hice un pequeño resumen al Capitán, que era griego al igual que el barco, creo recor‐ dar que se llamaba “Rigel “, (lo que es la vida, al paso de los tiempos tuve una perra que la llamé Rigel) la famosa estrella de Orión. Nos dieron ropa seca y algo de sopa calentita, les di las gracias de parte de toda la tripulación por la gran ayuda prestada. En dos días llegamos a Algeciras y allí nos dejaron en tierra , en manos de la Guardia Civil.

Nos llevaron en un microbús a la Comandancia de Marina y allí, los Patrones comentaron todo lo ocurrido a un oficial que estaba de guardia. Se pusieron en contacto con el armador del pesquero y nos comentaron que ya nos darían noticias sobre si habría alguna remuneración económica por la marea echada. Dimos nombre y dirección a los Patrones. Nos dieron dinero para regresar a casa, a mí me die‐ ron quinientas pesetas (unos tres euros), con el mismo me saqué el billete del tren para Granada (Que como siempre el destino te oculta cosas que después se repiten), este mismo tren lo volvería a cogerlo, al pasar unos años, por la muerte de mi padre.
Descansé un par de semanas, después regresé a Cádiz para seguir mis estudios. Mis padres se enfada‐ ron por el hecho de haberme embarcado sin acabar la carrera, al final mi madre lloró por todo lo ocurrido.
Ya una vez en Cádiz, seguí con los estudios y pasaron unos tres meses para cobrar 3500 pesetas (22 euros más o menos). Por lo visto el seguro pagó bastante por el naufragio, la perdida de la carga a los dos Patrones, a los demás creo que se quedaron corto. Para mí fue una buena paga, aunque para los demás supongo que protestarían, a lo mejor hubo algún aumento de indemnización, los demás tripulantes eran personas que Vivian de la mar y claro ese no era mi caso en ese momento.

De todo lo contado y sufrido en ese embarque, han pasado 54 años, claro no voy a decir que no me dejó secuela y algunas pesadillas, pero siempre supe que la carrera de Náutica era mi gran vocación y aquello fue superado después de acabar mis estudios. A los dos años del naufragio salí a navegar para empezar mis prácticas como Agregado, llevando este recuerdo como acicate para ser mejor marino mercante.
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