No suelo ser un pelota de Don, pero creo que su resumen "¡Well done, bad luck!" al final del vídeo es lo que todos sentimos. No sólo bien, sino muy bien hecho el trabajo, mala, muy mala suerte.
Es curioso como unas lágrimas, que no vemos, de un hombre tan recio, conmuevan tanto. No hace falta entender el francés (al final hablan en inglés) porque la expresión corporal lo dice todo. Y el cámara, que también siente la flojera, enfoca a la entrevistadora en francés a la que se le ha caído el alma a los pies. El propio Don está, como cualquiera que vea el vídeo, haciendo esfuerzos por no dejar caer un par de lagrimones, varios suspiros y un mecagüen.
Se nos han caído el más técnico, el más fuerte, el más arriesgado y el más pintoresco, el más simpático (con el que más gente se sentía unido) y, como dice Zar, el más incombustible. Los dos por el cacharrito. Uno por falta de presupuesto y otro por pasarse intentando que no le pasara.
¡Me cago en los barnacles y en los pilotos de viento!
Brindo porque estos tíos existen, todavía existen.


