Independientemente de que convenga llevar un cabo docil en el enrrollador, frecuentemente lavado y endulzado para que se ajuste como un guante al tambor y no tenga tendencia a salirse del mismo, es aconsejable que al desplegar el foque con el viento y enrrollar dicho cabo al tambor, el mismo siempre tenga una tensión mínima, lo que si navegas solo puedes conseguirlo con un par de vueltas en un winche sin morder. La resistencia que hace al patinar es suficiente para que enrrolle correctamente en el tambor.
Respecto al incidente que se relata, partiendo del peor escenario de no poder arriar de entrada por hallarse el génova a medio enrrollar, una solución es soltar la escota de sotavento, cortar la de barlovento (digo cortar porque es más fácil hacerlo cuando está en tensión que no intentar soltarla con gualdrapeos del foque sin tensión)
Una vez el génova en bandera y libre de escotas, con el motor en marcha y por supuesto sin la mayor, "enrrollas el barco a la vela" virando las veces que haga falta en el sentido que va enrrollado el foque, o alternativamente, al revés, giras las veces que haga falta en redondo en sentido contrario a como va enrrollado el génova, y cuando está totalmente desplegado, te aproas y sueltas la driza para que la vela quede en cubierta.
Personalmente, navegando solo y con viento fresco prefiero la primera alternativa, no vaya a ser que una vez en cubierta la vela se salga por la borda y tengas dificultades para izarla a bordo solo atada por el puño de proa.
Por aquello de que el mayor peligro de todo barco es la proximidad de tierra, la maniobra que indico en aguas libres entraña más paciencia que peligro y
además funciona! Digo lo de paciencia porque igual tienes que dar veinte vueltas en redondo...
Celebro que todo acabara bien.
Saludos
