Una de las pruebas más claras de que todos podemos ser unos intolerantes de la leche es la palabra "aburrido". Es claro que no es teorizable. Sólo uno siente ante qué cosas se siente aburrido. Porque si la "lentitud" fuera prueba (o factor) de que algo va a ser aburrido, las cámaras superrápidas en las regatas de IMOCAS lo serían, pero no, sus imágenes superlentas son antiaburridas. ¿Estamos seguros que ir a 4.5' es aburrido? Todos nos compraríamos una motora de chiquicientos caballos y mil burras. No, la "lentitud" o la "velocidad" no es un factor ni necesario ni inequívoco de aburrimiento. ¿Quién estaría en un lugar frío y húmedo sujetando un hilo con un anzuelo al final?
La vela, por muy rápida que llegue a ser, lo que agradeceremos todos, ya es una restricción a la velocidad. Nunca podrá alcanzar al motor.
Las reglas implican siempre restricciones. Pero ¿son aburridas per se? No, las restricciones son parte de la diversión. Como dice Peón, el sextante es divertido y con tablas en lugar de calculadora, más. Aunque no sea eficiente para una navegación en un trimarán tope racing.
El sujeto, cada uno, se divierte o aburre con unas cosas. En gran medida en función de puras sensaciones que varían con la edad por la acumulación de experiencias.
Por ello, jamás diré que algo ES aburrido. En su día lo dije de la Opera y mírame ahora. Diré a mí esto me aburre. O, mejor, no diré nada y me apartaré... Hasta que alguien me enseñe sus secretos.


