La polémica le vino muy bien. Añadió publicidad a la grandeza. Es una pena que al perderse el género de la épica gloriosa y ser substituido por el mejorable periodismo deportivo la única forma de alcanzar la gloria sea la disputa confrontadora, de tal suerte que más parece que lo de más valor se realiza en los despachos y en la prensa y no en esa cubierta llena de frío y espumarajos de mares inabarcables. Es una pena, digo, que en una prueba de preparación minuciosa, de coraje sin límite, de persistencia frente a la adversidad, una línea ideal (e irrealizable navegando) que sólo algunos pocos habitantes de este planeta (incluso pocos de los organizadores, coordinadores o lo que sea de regatas alrededor del mundo, a tenor de lo que dicen los números que publican) somos capaces de definir y calcular y que fuera aparte de esas pocas personas, no le importa un bledo a los siete mil y pico millones de habitantes de este globo, impida que una heroína obtenga el reconocimiento que merece.
¡Pérfida Albión!
A Vito Dumas ¿también le vais a quitar el mérito?


