Han sonado las trompetas del Pacífico, y la ola que nadie esperaba, "ya está todo el pescado vendido", la que provoca el cucharón de las bruxas en el caldero de la vida, ha tumbado el barco del escuadra, cartabón y compás de Simon, el Bowditch viviente, el inventor de la vela diesel cuatro tiempos, el capitán que todo el mundo quiere llegar a ser, y le ha venido a dar en la veleta del hydrovane, para lo que hay que tener tanta puntería o más que mala leche, y me lo han hundido ahí, en el timbre de voz, me lo han quebrado, y por eso se va para donde yacen las preguntas de Victor Jara y los 11 masacrados por Pérez Zújovic, ¡qué jóvenes y protestones fuimos!. Pero el viejo Zar no ha salido de la guarida boscosa de los celtas solo para escuchar el doloroso SoundCloud ni leer el tristísimo Facebook; ha hinchado la gaita para llamar a los espíritus de la épica, y el Minnehaha le ha respondido desde aquellos lugares alejados hasta de la imaginación, donde lo imposible se aposenta, para lanzarse al desenfreno de la walkiria Kirsten, que se bañó en aquellas aguas de pulmonía para rasparle los percebes.
No será lo último en tecnología ni en velocidad ni en... pero pone los pelos de punta. Y lo tienes que pensar a sorbitos pequeños porque no conviene abusar de las pastillas para la tensión.


