Compañeros de taberna, pasad y servíos una ronda de aquello que más os apetezca mientras os cuento...
La fábula de la hormiga y el conejo
Hubo una vez que las lluvias dividieron un precioso valle al crearse un arroyo. A una de las veras, estaba una hormiguita, que había recogido dos pajitas retorcidas, pero que era lo único que había podido encontrar, y se estaba improvisando una balsa.
Mientras tanto, apareció un conejo mayor, entrado en años y algo sucio. Se acercó a la hormiga y le preguntó:
- Oye hormiguita, ¿qué estás haciendo con esas pajas retorcidas?
- Me estoy construyendo una balsa. Mi hormiguero ha quedado al otro lado de este arroyo y he de volver con los míos.
- Ah, pues yo iba a cruzar y hago pie. Móntate a mi lomo y te ayudo a cruzar.
- Puaj, no. Estás viejo y hueles mal. Prefiero seguir con mi balsa.
La hormiga termina su balsa de fortuna y se adentra en el agua. La balsa se le rompe y se ahoga en el arroyo mientras que el conejo, ajeno a la hormiga, llega hasta la ribera opuesta sano y salvo.
Moraleja: siempre será mejor un conejo viejo y maloliente que dos pajas mal hechas.
