Sería un hilo aparte. Uno de esos hilos que destrozaría luego alguna discusión banal, pero que antes rozaría la poesía. Ya ha habido en esta taberna alguno así. Pero prefiero dedicar mi escaso tiempo libre a subtitular la lección de un "tío sano" que no tiene miedo a ser por ello anacrónico, como Robin Knox.
Creo que si falta gente para la mar, profesionalmente hablando, en un país que es casi una isla con islas alrededor, es por el "aureamiento" del "funcionariado", las comillas no son por hacer mono, sino por advertir que el significado no es el directo y usual en los medios habituales. Dorar, sobre todo conceptualmente, cuando le ponemos comillas quiere decir que también, en los modernos medios de comunicación, atacamos a su contrario. Me refiero a que al tiempo que se aplaude todo lo "público", sin más, por solo ese hecho, y se le hace sinónimo de seguridad, se ataca a lo "particular" con el nombre de "privado", cubriéndolo de miedos.
No hay marino, y me vale como marino cualquiera que haya pisado una cubierta el mínimo como para entender la responsabilidad que asume el que da las órdenes, que no aprecie la seguridad de la vida en la mar, que no le dedique todos sus esfuerzos, pero la diferencia está en que el "marino" si le dedica esos esfuerzos es para poder salir allí fuera, donde se producen las aventuras desde la Odisea; el "funcionario" de mis comillas, que puede ser perfectamente un pelota recién enchufado, es el que impide que salgas ahí fuera bajo las prescripciones de una "seguridad" que jamás es cuestión de su responsabilidad. No te dejo salir para que no te pase nada, de todas estas cosas terribles que puedan pasar. Y cuando te dejo, previo pago de su importe, a mí no me mires si tienes pegas, capitán Castelo. Y viva Coruña.


