Entre el quillo de pelo rapado por los costados y tupé teñido de naranja por el centro, con un tatuaje tipo "Yoli te quiero" en el antebrazo, gafas de espejo lilas, que lleva el buga tuneado con un tubarro de veinte centímetros de diámetro, llamaradas pintadas en las puertas, leds de colorines en el interior, unos mensajes tipo " a saco! o pie a fondo!" todo el maletero ocupado por un bafle gigante y que se pasea con lo que él considera música a tope, con graves que parecen mamporrazos de albañilería, asintiendo como un poseído para para poder llevar el ritmo con un frenesí que le hace perder los pendientes, y el que enchufa a tope los altavoces de la lancha de su papá hay un común denominador, que es ser hortera en toda regla...
A todo eso le añades el de la moto de agua deleitando con sus acelerones y mil vueltecillas con olas y pasadas a todo gas, y vuelves a casa con la duda de zurrar a alguien o si de llorar un rato como desahogo a similar agresión a la sensibilidad.
Me sorprende la capacidad de nuestro país de crear miles de especímenes como los descritos, que ves por todas partes y que cuesta ver cuando pasas nuestras fronteras.
Acerca de la calidad periodística del relato sobre los que " incluso dormían en el barco" me ha recordado una nota en la que se decía ..." Era de noche, y sin embargo llovía...."


Saludos