Citando a Bernard Moitessier, en Un vagabundo de los mares del sur:
“En general me gusta pasar tan lejos de la costa como pueda. Un rodeo de 50 o 100 millas no me parece exagerado cuando se trata de una costa donde las tormentas son frecuentes. En general un barco dista mucho de sentirse desagraciado cuando está a la capa, a pesar de que a algunos les parezca paradójico”.
Yendo a tu consulta sobre la cala, y como ya han mencionado, cito de la misma fuente
“Pero si a pesar de todo se ha dejado uno sorprender demasiado cerca de la costa, pues bueno, metemos el hocico al viento tanto como se pueda”
Con respecto al ancla de capa, en el libro se hace mención a una, casera y efectiva, que consiste en una lona rectangular con dos soportes, uno de madera (que hace de flotador) y otro de hierro (que actúa como lastre), con 4 cabos de la misma distancia engrilletados en cada uno de los ángulos. La lona tiene un agujero en su centro para que la presión no sea tan grande.
Dado que nunca me ha tocado un temporal, solo comparto lo que leo… navegante de libros por ahora
