Mi querido Caribdis, he renunciado a explicarte algo que ya sabes: tengo barcos sobre los que discutir porque una larga tradición de criticables simios desnudos les dio por subirse primero encima de troncos (y caerse como si fuera windsurfero de primer domingo) y luego de cosas más elaboradas, pero, en el fondo, todos trastos que frente a la energía que tiene la mar y el viento son papafrita, aunque los diseñe Christian D'ior, mira Petroleros doblándose como si fuera la manguera de ejercicios del marido de la Pataki, mira Portacontenedores escupiendo contenedores de 40 pies como con una cerbatana, todos los trastos en comparación con lo que se enfrentan papafrita. No te discuto, jamás te lo he discutido, que tu superior criterio puede encontrar las milésimas de punto de mejor que es este sobre aquél para tal o cual tarea, para tal o cual actividad o diversión. Pero esto de lo marino no utiliza más precisión porque no sirve. Y si lees los artículos de Luis Jar, todos sobre naufragios, verás que te da la razón, igual que te la doy yo, que unos barcos son mejores que otros, pero que navegamos con lo que tenemos. Nadie espera a poder pagarse un mercedes para empezar a conducir y viajar.
Estos barcos no son los mejores para hacer regatas oceánicas. No insistas más, nos has convencido (alguno hasta veníamos convencidos de antaño). Todo el mundo te hace caso: no conozco otra regata de estos barcos. Has ganado.
Sólo te pedimos que seas buen vencedor. Que no quieras apabullar, que sería quitar esta regata porque no te gusta (por tus criterios técnicos que ya hemos comprendido y admitido su superioridad científica), no porque no haya participantes ni porque no interese a nadie, que es por lo que se quitan las regatas. Hay participantes, extraordinarios marinos, como se puede ver, que deciden libre y voluntariamente, porque les sale de alguna parte de su ser, brindarnos cada cuatro años una cosa épica, romántica, incluso anacrónica, como los toros (¿es que no hay maneras más seguras de matar un toro?), que ni siquiera es en todo una regata, abordo de unos barcos que no son los mejores, que ponen más peligro en el empeño, sin llegar al de saltar dentro de un ruedo enfrente de media tonelada de mala leche y con una sola instrucción en el software: embestir a todo lo que se mueva, si la tecnología actual nos permite verlos desde la barrera y ponerles los suficientes burladeros para que no haya ningún fallecido en estas dos ediciones, lo que no todas las regatas (incluso viajes de placer) pueden decir...


