El asunto es complejo.
Si bien navego desde hace 35 años, soy antes alpinista que navegante. En más de 50 años de práctica del alpinismo por un variado catálogo de montañas de este mundo, no he necesitado nunca un rescate. He tenido suerte.
Sin embargo mi hijo, con apenas 8 o 10 años de práctica ya ha tenido que ser sacado de la pared en una ocasión con helicóptero y ha visto rescatado a su compañero de cordada arrastrado por un alud del que él se libró por pelos.
Comentando el caso con un vecino, no pudo evitar el típico comentario que tantas veces he escuchado: "claro, y eso quién lo paga?".
Se da la circunstancia de que el vecino en cuestión es obeso, bebedor, fumador y sedentario.
Ante lo que no pude evitar, a mi vez, contestar que, seguros federativos aparte, eso lo paga el mismo que pagará si él sufre un ictus, un infarto, desarrolla una diabetes o una EPOC o necesita una prótesis de rodilla.
Es decir, nuestros impuestos.

P.S. Reconozco la simplificación. Repito que el asunto es complejo y requeriría más desarrollo. Pero igual no es el sitio ni el momento y tengo una mano ocupada por una lata de cerveza.