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Antiguo 31-08-2023, 22:04
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Santander-Londres-Santander en el Tonic 23 "Corto Maltés".

Cita:
Originalmente publicado por la hispaniola Ver mensaje
En toda travesía surgen problemas. Más, en una como las que Álvaro acostumbra a acometer. Si se han seguido con atención las entradas en su blog, son tantos y tan diferentes los escenarios a los que se enfrenta este titán que, personalmente, reservo para él ese calificativo antes que el de capitán. Capitanes hay muchos. Marineros capaces de darle contenido al título, muy pocos. Álvaro es, pues, un titán capaz de hacer frente a: la meteorología adversa, los escollos fuera de carta (¿Plat du Chardonniere?), las mareas y corrientes salvajes, los distintos idiomas (francés, inglés, italiano), el problema con la intendencia; la logística de vuelos y etapas de cada uno de sus tripulantes; la falta de agua o el exceso de ella, el calor tórrido de Calabria, el frío intenso del canal de la Mancha. Las autoridades, cazurras o aprovechadas (sólo en alguna ocasión favorecedoras: ¡Otranto marina!), que con un galón de más sobre el hombro aparecen en algunos puertos. A la gestión de la estancia en los atraques o a la ausencia total de ellos; a los fondeos confusos, peligrosos. A la planificación de la ruta (in situ, después de un año con la nariz metida en las tablas de mareas, o el sentido e intensidad de las corrientes por tramos horarios, pues siempre surgen variaciones).
Pero ahí radica el espíritu de la aventura que uno enfrenta cuando echa el petate a bordo.
Él hace todo esto y más sin perder el temple. Sin un mal gesto o descalificación, incluso, cuando el cansancio (más mental que físico) le alcanza hasta el agotamiento. Como dicen en mi pueblo, “una vez se tumba en la colchoneta de proa, acabose el paisanu”… Hasta la mañana siguiente a las 6.30. Entonces, con absoluta discreción, anuncia, “Miguel, ya está el desayuno”. Son tantas las tareas que enfrenta a diario (Santander-Nantes es la tercera travesía que tengo el placer de compartir; antes abordamos Coruña-Santander, y antes Sicilia-Brindisi) que no sé cómo llega a la noche. También la tarea de escribir ese diario que la impudicia de alguno le ha obligado a mostrar. A menudo, una vez alcanzamos el puerto de destino y el Corto Maltés ha quedado firmemente amarrado, aún le resta energía para recorrer en bicicleta la población a la que hemos llegado. O sacar tiempo para escribir en el blog que nos hace disfrutar con él de cada etapa (estando en Soria, sin cobertura telefónica, me subía a los cerros cada tarde para seguir la singladura). Estos son los momentos en los que yo acostumbro a visitar el bar para tomar dos o tres cervezas bien frías. O bien, recorro el puerto a mi manera; para que corra el aire entre nosotros y cada uno atienda a sus fantasmas, a su forma de concebir el viaje. Si algún roce hemos tenido (sí, alguno ha habido), es porque yo no he sabido entender el sentido de las etapas: para Álvaro es fundamental la navegación, sus avatares, exprimir el viento o su ausencia hasta dar con la forma de sacar medio nudo más a su amado Tonic 23. Por mi parte, en cambio, necesito saber a dónde he llegado. Recrearme en la visita, en la conversación sincera de la bañera; en las confidencias que sólo a bordo se abordan. Pero, una vez esto es sabido por el tripulante que le presta su ayuda, tiempo y (escasísimo) dinero para que consiga llevar adelante su sueño, será recompensado con una experiencia impagable. Por no hacer otra cosa que sujetar la caña con sentido común, alguna que otra guardia, y atender a las tareas del barco con diligencia. El grueso del esfuerzo corre por cuenta de una persona con una honestidad, calidad (y calidez) humanas, incontestable. Por eso es que cualquier sospecha respecto a su actitud me parece mezquina, ruin, y despreciable (en la segunda de las acepciones de ese adjetivo, la más favorable).
¡Ni caso Álvaro! Enhorabuena por la gesta, y a disfrutar con la escritura de la experiencia: una forma diferente de navegar. Ya me parece ver cómo te recreas, desde el lado cálido de esa ventana de tu despacho que da a la playa del Sardinero, mientras el invierno y los temporales barren la costa, tratando de dar con los detalles de alguna anécdota de la travesía. Comprobarás como esta que ahora te aflige se queda también en eso: un suceso triste que no merece la pena considerar. ¡Así que dale a la tecla y revive! El resto leeremos con nostalgia británica de cálido sur.
Miguel, se nota que somos amigos y por eso no eres objetivo, pero gracias por tu apoyo.
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