Je, je, pequeños saltamontes...

Me alegra haber iniciado este hilo, ya hace más de 13 años, ya que veo sigue dando de sí (como no podia ser de otra forma).
El spi es la vela más temida y que sin embargo es la que mayores satisfacciones puede dar. A diferencia de la mayor y génova, no va relingada y su puño de amura va unida a un a percha movible en lo horizontal y lo vertical. En el caso del asimétrico ya es más fijo cuando va al botalón, pero aún así se puede regular su altura. Todo eso le da una posibilidad de trimados, casi infinitos.
Por eso está bien tener claros unos principios básicos de cómo se apareja y "funciona". Pero son principios básicos, puesto que cada barco es distinto (más o menos porte y/o hidrodinámica) y cortes de la vela los hay casi infinitos (más o menos plano, etc.). Tenemos además al soporte del barco: el mar las condiciones de viento. Podemos tener viento de través o un poco más allá, hasta la popa redonda. Igual un mar como un espejo, o con mucha ola, que incluso puede venir de una dirección contraria al viento. Por no decir el patrón y tripulación, que tendrán sus conocimientos y preferencias.
¿Qué quiero decir con el ladrillo anterior (perdón)?. Pues que no hay recetas universales. A partir de esas reglas básicas comentadas, viene su adecuación a esas características particulares del barco y sus elementos.
Por ello quiero insistir en algo que creo haber repetido en varias ocasiones: "hay que probar, probar y probar". Y de hecho, ahí reside una de sus ventajas: la satisfacción de lograr que la vela pinte bien y el barco ande en consecuencia.
Siempre he pensado que la vela es un poco para los masocas

. Quien no quiera esforzarse para lograr esa satisfacción de que hablaba, quizás la vela no es lo suyo, pero nunca sabrá de ese placer cuando el barco anda con potencia, velocidad y siencio gracias al buen ajuste de todo el conjunto y, en eso, el spi nos puede dar las mejores sensaciones.