100% de acuerdo.
Sí, cualquier peso que se sitúe en un espacio en el que sustituye a otro peso es probable que vuelva al primero irrelevante, y la solución sobre el papel estaría fenómena; ahora, en el presente es ciencia ficción y la veo difícil de aplicar incluso a futuro, donde veo más probable que nuestra afición se beneficie de avances tecnológicos generales (que se "declinen" al mundo de la vela y que pueden estar o no ligados a las baterías) que de desarrollos complejos tan específicos a nuestro ámbito, de retorno -económico- más complicado.
En el caso (Ro-340), son 130Kg de un motor que va sobrado para el modelo (28cv) frente a casi 300Kg (sólo en baterías) para una autonomía de mínimos siendo amables o, para la mayoría de usos, completamente insuficiente... a los que habría que sumar el peso del motor eléctrico, generador de gasolina y un largo maridaje de cachibaches, todo ello también a popa. Lo que, como siempre y hoy por hoy, mata en origen al sistema eléctrico es su almacenamiento, por su insalvable diferencia en términos de densidad energética con respecto a la de los combustibles fósiles. Como hemos hablado, hay grandes unidades navales que emplean plantas eléctricas, pero esquivan el problema anterior porque no se alimentan a partir de energía eléctrica almacenada, sino de generadores (ej, turbina de gas) detrás de los que hay, de nuevo, un combustible fósil.
Aquí no veo taburete alguno porque creo que es razonablemente unánime que los eléctricos y los recorridos largos se llevan entre mal y peor... mi coche es un híbrido enchufable -hablo más sobre ello en el tema que enlazaba antes- y aunque no llego a valorar de forma tan tremendamente entusiasta como tú los híbridos (el mío estará sonrojado ante tanto piropo

), sí coincido con gran parte de las limitaciones de los 100% eléctricos fuera del ámbito urbano. A modo de ejemplo reciente, un buen amigo, con un Tesla de precio y cifra de potencia apabullantes, reconoce que un viaje (de unos 800Km aprox y que normalmente hace con otro coche) tardó más de lo que tardaba, a finales de los 80, con un Peugeot 205; si eleva la velocidad, la autonomía cae drásticamente a la mitad de la anunciada y tiene que recargar dos veces, con lo que pierde cerca de una hora; si quiere repostar sólo una vez (y usar el climatizador), su velocidad ha de ser inferior a la que alcanzaba, hace 50 años, un 124 (el Normal, no el Especial

).
El caso es que, si en ámbito "terrestre" los eléctricos puros muestran, hoy por hoy, sus limitaciones a poco que la "travesía" se alargue y exigen planificación para no quedarnos sin pilas, en un entorno como el mar, mucho más cambiante y con sus divertidas incertidumbres, su maridaje, aplicado hoy a la náutica de recreo, es todavía más cuestionable.
