Re: Orcas, averías, risas, aventuras y desventuras en nuestra navegada del Cantábrico
A partir de Aveiro y hasta Peniche navegar por dentro del veril de los 20 metros no ofrece dificultades. La costa es una larguísima playa que ocupa casi toda la zona central de Portugal con un suave desnivel que te da la seguridad de ir con profundidad suficiente y relativamente separado de tierra. Sólo en Nazaré, antes de llegar a Peniche y desde Peniche hasta doblar el Cabo da Roca la seguridad de no encontrarte orcas disminuye porque la costa es más escarpada y la profundidad de 20 metros queda bastante más próxima a la orilla que además cuenta con múltiples rocas y arrecifes que te obligan a ir algo más separado.
Lo mismo pasa con la parte sur de la costa portuguesa, una vez que pasas la zona de Sesimbra, donde, como en Nazaré, hay un cañón de gran profundidad, la costa del Alentejo es igualmente una enorme playa donde no suele haber peligro de encuentros indeseados.
Sines, el Cabo San Vicente y después la zona de Lagos vuelven a ser zonas donde los incidentes con orcas son frecuentes. Ya en España la zona de Cadiz a Barbate y de Barbate a Gibraltar se configuran como el triángulo más peligroso y donde se concentran la mayoría de los ataques.
Confiados en que nuestra táctica había dado buen resultado hasta entonces continuamos por toda la costa portuguesa con nuestro plan de prevención manteniéndonos en puerto hasta que pasaran las siguientes oleadas de orcas, el segundo y el tercer grupo, subiendo hacia el norte detrás de su comida y todo funcionó a la perfección. La navegación, de no ser por tener que evitar los abundantísimos aparejos de pesca, por la niebla y sobre todo por ir constantemente vigilando el mar por nuestro estribor hubiera sido muy relajada.
A esta especie de placidez náutica se le sumaba el ir prácticamente solos siempre, aunque eso realmente nos pasó desde que salimos de Asturias. Nunca me hubiera imaginado bajar en verano desde el Cantábrico sin ver apenas barcos. Pensamos que los ataques de las orcas están causando mucho miedo a navegar y de ahí nuestra soledad, tanta que se cuentan con los dedos de una mano las veces navegamos acompañados de otro barco y pocos se cruzaron con nosotros subiendo hacia el norte. EL escaso tráfico también se nota en los puertos, tanto es así que nunca tuvimos problemas para encontrar plaza y casi todas las marinas tienen los amarres de tránsito vacíos, algo impensable hace unos años.
Otra cosa que nos resultaba sorprendente era que en otras ocasiones nos habíamos encontrado con muchos barcos franceses y este año quizás no hayan sido más de diez los que nos hemos encontrado y sin embargo nos ha parecido que había más barcos de países nórdicos, alemanes, suecos finlandeses, anglosajones, etc. pero en cualquier caso, muy, pero que muy poco tráfico de veleros y poquísimos barcos españoles.
Creemos que las orcas le están haciendo mucho daño al turismo náutico y así nos los confirmaron los directivos de alguno de los puertos en lo que amarramos desde Galicia hasta el Mediterráneo. Solo en Lisboa tuvimos dificultad para encontrar amarre y fue debido a otras causas. Da mucha pena ver lo que está ocurriendo y aunque a nosotros nos gusta más bien la tranquilidad, nos hubiera gustado sentir más ambiente náutico, poder hablar con otras tripulaciones, encontrar algún barco que siguiera nuestra misma derrota y con el que congeniáramos, más españoles, pero no fue así. La verdad es que ha sido una navegación muy solitaria y en contadas ocasiones hemos podido compartir conversación, comida, cafés o entablar nuevas amistades. Como siempre nos ha sorprendido la amabilidad, la dulzura, la camaradería y la amistad de los marinos portugueses. De haber podido pasar más tiempo en algunos de sus puertos estoy seguro que habríamos conseguido consolidar alguna de las incipientes amistades que tuvimos oportunidad de entablar. Qué buen país y qué buenísima gente son.
Desde Aveiro hasta Gibraltar, probablemente por navegar casi siempre por dentro del veril de los 20 metros, no hubo ningún encuentro más con las orcas, pero también hay que decir que nos arriesgamos bastante en ocasiones para prevenirlos porque pasamos varias veces quizás demasiado cerca de las rocas o en zonas con poquísima profundidad. Recuerdo especialmente navegar muy cerca de tierra, a veces a menos de 100 metros, en las zonas de Cabo la Roca, Cabo Raso y Cabo San Vicente además con algo de viento del norte mayor y motor, menos mal que la mar estaba muy buena.
Especialmente estrecho fue el paso por dentro del Bajo de la Aceitera en el Cabo Trafalgar. Sabía de buena fuente que las orcas tienen un “comedero” o al menos una zona habitualmente frecuentada por fuera del Bajo la Aceitera y decidí pasarlo por dentro, entre la Piedra Phare y el Bajo Piles que son dos arrecifes que sondan a 3 y 4 metros respectivamente y entre ellos habrá menos de 150 metros. Setenta y cinco metros de distancia a cada lado parece mucho en tierra o cuando tienes referencias visuales, pero cuando te tienes que fiar del plotter porque los bajos no se ven y ves que la sonda va marcando cada vez menos agua bajo la quilla y va bajando hasta alcanzar los 6 metros de profundidad que tiene el paso, pues la verdad, lo primero que piensas es si te debes fiar tanto del posicionamiento de tu GPS…
Cuando estas acercándote y cuando estás en el medio de un paso así las dudas son lo peor, así que a pesar de tener una fina sensibilidad en los pies pensando que en cualquier momento puedes notar las piedras, aparece esa determinación y esa sensación de seguridad de que todo lo tienes bien planeado, bien calculado el riesgo, sientes esa confianza en ti mismo y en lo que haces que todos los que navegamos experimentamos en estas ocasiones. Después la sonda empieza a marcar más agua y te invade la sensación de júbilo, de triunfo. Ya sabes que has ganado, que lo has conseguido una vez más. Dicho esto, sólo puedo recomendar este paso con muy buen tiempo, con muy buena mar y poco viento. Pensar que te puede fallar el motor ahí medio puede ser angustioso.
Algo parecido nos pasó en la siguiente etapa, de Barbate a Tarifa, porque si doblar Tarifa ya no es fácil sin el peligro cercano de los ataques de las orcas, pasarlo sabiendo o creyendo que puedes ser atacado es también estresante. Nosotros pasamos cerquísima de las piedras, a no más de 35-40 metros, siguiendo el veril de los treinta metros de profundidad. Veía el faro y las rocas enormes, pero los ves, sabes por dónde pasas, no como entre bajos que no conoces y no ves. Además teníamos poniente y sabes que si algo falla solo tienes que dejarte llevar y que por tu estribor tienes agua ilimitada sin peligro, así que a pesar de todo me pareció más sencillo y tuve la sensación de que al ser una zona de mucho tráfico de barcos allí no había tanto riesgo de encontrar a las orcas o, más bien, de que ellas nos encontraran a nosotros.
Editado por XALOC en 29-10-2023 a las 19:11.
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