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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Orcas, averías, risas, aventuras y desventuras en nuestra navegada del Cantábrico

Se dice que hasta el mejor escribano echa un borrón, así que no siendo precisamente un especialista en maniobras en el puerto es normal que en un viaje de más de tres meses hayamos tenido algún percance.
En el Cantábrico estamos poco acostumbrados a amarrar de popa y menos aún si es un amarre tipo Mediterráneo con guía para el muerto a proa y poquísimo espacio entre dos barcos. Si a esta falta de costumbre se le suma un viento fuerte pues ya tenemos los términos de una ecuación infalible con final en peripecia. Esto fue lo que nos pasó al llegar al puerto de Estepona.
Ya libres del las orcas habíamos hecho un navegación tranquila y, por fin, a vela. Un viento de unos 20-25 nudos nos empujaba por la aleta y siendo el primer amarre que haríamos desde hacía años al estilo Mediterráneo M., con muy buen juicio, les pidió por radio a los marineros del puerto que nos asignaran un amarre fácil y que, por favor nos ayudaran. Y así fue, cuando llegamos dos marineros nos esperaban en una plaza en la que teníamos suficiente espacio y el viento, como digo de cierta intensidad, era perpendicular al muelle.
De no ser por el viento todo parecía sencillo. Todo estaba claro. Entro en el canal de proa para poder dar atrás y girar hacia nuestro hueco ayudado por el componente destrógiro de la hélice con M a la popa preparada con el cabo para los marineros y el otro cabo de popa también firmemente sujeto a su cornamusa y preparado para ser lanzado. Pero como las armas las carga el diablo el viento decidió cargar sobre nuestro costado de babor justo cuando ya estaba virando para entrar y el barco no obedeció al timón con la rapidez que se necesitaba. Antes de golpear a uno de los barcos de al lado pensé que era mejor abortar y volver a intentar la maniobra con algo más de velocidad y avisé al marinero.
Hasta aquí, todo bien, el canal era suficientemente ancho, pero… Entre que el viento nos apretaba por el través y que la ciaboga no fue precisa, cuando me quise dar cuenta me había quedado sin capacidad de reacción y estaba en el pantalán de enfrente abarloado al muelle entre dos barcos de unos cincuenta pies amarrados correctamente de popa. Menos mal que en ningún momento hubo riesgo de tocarles, pero estábamos… ¡encajonados!
La situación había sido tan estresante que en cuanto llegaron los marineros M saltó a tierra con una defensa para vitar golpes. Había decido dejar que nos las apañáramos solos a bordo. Se me vino a la cabeza la imagen de aquella frase usada siempre para organizar el abandono de un buque: ¡Las mujeres y los niños primero! A mi me entró la risa y pensé "Pobre, hoy lo único que pensaba era en sentir tierra firme bajo los pies. En que situaciones la pongo y que suerte tengo de que me siga por medio mundo incluso sin gustarle navegar”
Con este panorama los marineros debieron pensar que era un patrón novato y que una vez allí, con M pálida del susto y un viento que parecía haber subido de forma notable era mejor que nos quedáramos allí. Sólo había que girar el barco 90 grados para quedar de popa al muelle, coger la guía y listo.
Se dice fácil, pero entre los marineros, un patrón vecino, M y yo tardamos no menos de tres cuartos de hora en poner el barco de popa al muelle, eso sí, la “cagada” no tuvo consecuencias serias y no sufrimos ni golpes ni rayones en el casco. Solo resultaron heridos mi orgullo de capitán con millas y millas durante casi cuarenta años y la confianza de M. Por supuesto, preferí quedar como un patrón novatillo al que le había tocado su título en una tómbola que dar explicaciones a la marinería. Aunque tocado y casi hundido algo de orgullo me quedaba aún…
En cuanto a M, recuperó su confianza tres días después, en el siguiente amarre, también con viento y esta vez de través aunque algo menos fuerte. Cuando llegamos a la plaza que como es habitual parecía menor que nuestra manga, viramos, nos alineamos y entramos. Esta vez la maniobra salió que ni pintada con mi mujer palmeando los costados de los vecinos como una profesional. Desde entonces eso de palmear hasta le gusta.
Era el segundo y último percance en la maniobras durante nuestro viaje, el primero para la próxima entrega.
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Editado por XALOC en 03-11-2023 a las 11:36.
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