"Salir a navegar me obliga a estar alerta, a respetarme a mí mismo, a aceptar la fatiga como parte del placer del mar. Aquí hay que estar atento a todo: al sol, al viento, a las nubes, a la radio, a las previsiones meteorológicas, a cualquier detalle del barco...
El mar es como un enemigo. Sabes que está ahí y esa conciencia te tiene vigilante, despierto".
