"Salir a navegar me obliga a estar alerta, a respetarme a mí mismo, a aceptar la fatiga como parte del placer del mar. Aquí hay que estar atento a todo: al sol, al viento, a las nubes, a la radio, a las previsiones meteorológicas, a cualquier detalle del barco... El mar es
como un enemigo. Sabes que está ahí y esa conciencia te tiene vigilante, despierto".
Como un enemigo, como un contrincante es el mar para el navegante a vela. También es un contrincante, y no menor, el viento. Lo hemos comprobado a menudo…
El mar puede ser
como un enemigo. Pero navegando, tenemos verdaderos enemigos: la temeridad excesiva, la falta de visibilidad, la fatiga extrema, la gran ola, el pánico, el desorden, la indisciplina, las juguetonas orcas, los gafes. Navegar es un vicio, pero mucho vicio, pero ¿que se le va a hacer?.
