El hecho es que las tierras de cultivo en torno al Mar Menor son de secano y así están declaradas (que no lo digo yo, lo dice la Consejería), pero desde hace años se efectúan cultivos de regadío. Basta recorrer todo el año la zona para desde la misma carretera ver que salen 2 y 3 cosechas anuales. ¿Cómo? A golpe de devastar la tierra y meterle abono a muerte.
Los puertos del Mar Menor llevan 40 años operando, no había ni tanques de grises, ni de negras, ni MARPOL ni leches, y la laguna estaba que daba gusto verla.
Aquí no hay corrientes, ni mareas, ni nada notable que un espigón esté modificando.
Simplemente con la eutrofización el agua dejó de ser cristalina, en consecuencia la luz no llega al fondo (sonda máxima aprox. 7 metros), la flora, sin luz murió, y ahora hay fango en cualquier sitio con más de metro y medio de agua (cierto es que siempre hubo zonas de fango muy localizadas). Y ya es la pescadilla que se muerde la cola, en cuanto hay meneo las partículas de fango en suspensión y menos luz aún.
Y ahora me vienen unos cuantos sabelotodos a decir que hay lodo y fango en los puertos, no siempre fue así, y los puertos ya estaban ahí cuando todo el mundo lo consideraba un paraíso.
Me parece un insulto a la inteligencia, amén de una manera de vender un relato muy conveniente a cierto sector de la población. Aquí hay cientos de barcos pequeños, de hecho son la mayoría, inferiores a 8 metros, no pertenecen a millonarios que no los sacan jamás y los tienen por capricho de pudientes como sugiere el artículo dichoso. Son de gente normal y corriente, gente que trabajamos y nos ganamos un salario, que en lugar de comprarnos un coche de 40.000 euros como mucha gente en las grandes ciudades optamos por gastarlo en nuestros barquitos.
Y ahora a duras penas puedes tomarte un pincho de tortilla en un fondeo reguardado del viento (yo directamente ya ni fondeo). Y nos vienen a tocar las narices ¿de verdad? Por Dios, si en julio y agosto ni tenemos buena cobertura móvil porque se multiplica por diez la población.
Dentro de unos días se nos acaba, como cada año, lo de poder comer en nuestros sitios favoritos, ni reservando siquiera. Que está bien, es riqueza para la Región, y que yo también hago turismo, que no pasa nada. Pero que no me digan que es mi barco el que se ha cargado el Mar Menor.
Además no me gusta esta tendencia de cambiar las reglas del juego a mitad de partida. Cuando se cobraron todos los IVA, IEDMT, ITPs, ITBs y demás historias no se nos dijo que somos malvados y perversos y que nos cargamos la laguna. Y ahora que hemos soltado la pasta vienen con las restricciones.
