A ver, todo esto lo inventó hace algunos años un tipo llamado Goebbels; para ver cómo funciona, pongamos un ejemplo (inventado, por supuesto

):
- Nos inventamos una causa con cuyos principios nadie pueda estar en desacuerdo: "hay que cuidar el planeta".
- Identificamos un enemigo (y si no lo hay, nos lo inventamos): "los ricos", y le damos unas señas de identidad fácilmente reconocibles: "los ricos tienen barco".
- Dividimos la población en buenos (nosotros) y malos (el enemigo), atribuyendo al enemigo comportamientos reprobables (maniqueísmo, se llama la figura): "los ricos son malos".
- Atribuimos al enemigo actividades en contra de la causa: "los ricos destruyen el planeta" ¿cómo? "con sus barcos, naturalmente".
- Buscamos un elemento aparentemente ecuánime: "un científico", y lo atraemos a nuestro lado con suculentas subvenciones.
- Hacemos que el científico diga algo que ponga al enemigo en evidencia (no hace falta que sea verdad; es más, suele ser una mentira convenientemente disfrazada): "mi estudio confirma que los barcos favorecen la destrucción de especies amenazadas".
- Azuzamos a la población en contra del enemigo y a favor de la causa: "Si el científico ha dicho que los barcos favorecen la destrucción de especies amenazadas, están favoreciendo la destrucción del planeta; como los barcos son de los ricos, que son malos, hay que impedir que los ricos destruyan el planeta con sus barcos".
- Finalmente, podemos hacer lo que nos plazca con el enemigo; nadie lo cuestionará.
¿A que parece estúpidamente simple? Pues funciona, y funciona tanto mejor cuantos menos escrúpulos tiene el que inicia el proceso y más incultura tienen los que le siguen.
No brindo.