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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Adiós Mediterráneo, adiós, de momento...

Volvemos un poco atrás, para seguir el hilo de los acontecimientos acaecidos estos días

Día 7, a la tripu parece que se les ha olvidado pronto eso de madrugar para las guardias, son las siete de la mañana y considero que remolonean un poco más de la cuenta, toco diana y con presteza se preparan a un desayuno rápido y soltamos amarras, como estaba previsto a las 8h.
La noche ha sido un poco movida en el puerto, hasta el interior de la ría llega la marejada que nos envía el temporal que se desarrolla por latitudes superiores, aunque fuera de la protección portuaria apenas se nota, solo el viento del NE de 12 nudos nos anima la nubosa mañana, que presagia la llegada de las lluvias para medio día.
Izamos velas en el antepuerto y pronto ponemos rumbo a punta Cabicastro para encarar el canal de la Fagilda, que separa la Isla de Ons con tierra firme. El paso bien balizado, aunque para nosotros, salvo el bajo de la Fagilda, bastante cercano de tierra, los demás no revisten peligro. A estribor la gran playa de la Lanzada, istmo de unión de la península del Grove, en este lugar se encañona el viento, subiendo a 22 nudos, tomamos un rizo para no forzar y enseguida alcanzamos el paso Principal de entrada a la ría de Arosa, dejando por babor la isla de Sálvora, que bonitos recuerdos me trae de unos cuantos años atrás….

El viento sigue del NE, ahora que nos internamos en la ría del morro,como no hay demasiada prisa, hacemos bordos, el primero con rumbo norte hasta tener los bajos de los Sequeiros por estribor, luego bordadas de media milla para ir remontando al NE para pasar entre isla Rua y los islotes Pedregosos.
Una hora más tarde al alcanzar los bajos de las Touzas, ría arriba, vemos por popa un cielo negro que se aproxima, sin pensárnoslo dos veces, recogemos el foque, damos motor y a máximas revoluciones de crucero, enfilamos a rumbo directo punta Cabío, a cuyo resguardo se encuentra el puerto de La Pobla de Caramiñal, nuestra meta, a menos de tres millas.
Ya esperan nuestra arribada, El cofrade Manuel, presidente del club, ya ha dejado instrucciones para que nos atiendan de primera. Nada más amarrar se desencadena el diluvio universal, pero ya poco importa, estamos en nuestra meta gallega y hasta el domingo no tenemos ninguna prisa, aunque las previsiones bastante malas, no creo que nos anime a recorrer la ría.

Al día siguiente sigue diluviando, aunque por la tarde hay previsión de que pare y como ya había contado se me ocurrió aprovechar el traveling del Club que lo comparten con el cercano club de Riveira para pegar una limpieza rápida a la carena.
Para Riveira nos dirigimos, por el camino más corto, esto es, navegando entre las bateas de mejillones, sorteándolas en plan slalom. En una hora más o menos llegamos al puerto, esperamos a que una motora libere la grúa y preparamos la maniobra de entrar en el varadero de popa, enseguida me doy cuenta que entra mucha resaca y los movimientos del Bahía son tan acusados, que incluso en uno de los vaivenes hemos rozado la popa contra el muelle, a pesar de tener 4 tripulantes tirando de las 4 esquinas, pero las casi 10 toneladas del Bahía es mucho desplazamiento para controlarlo a mano. Mando colocar la eslingas y desafortunadamente como bien se sabe, un tremendo error de apreciación con la de popa, me quedo lívido cuando veo alzar el barco con la eslinga abrazando la hélice, gritos para que arríe a toda prisa, pero el mal ya estaba hecho, aunque peor hubiera sido no haberse dado cuenta y haber despegado todo el barco del agua, la cola seguro, no hubiera aguantado todo el peso.

Una vez recompuesta la elevación lo sacamos y nada más que tengo la hélice a mi alcance, compruebo la excentricidad y me entra un escalofrío, mi cabeza bulle analizando la situación, primero mando bajar de nuevo el Bahía al agua, para comprobar si la vibración es excesiva, meto 1000 rpm y me sorprende que no haya demasiada, pero al subir a 1200, todo se mueve en demasía, además unas burbujas de aceite diluyéndose en el agua, demuestra la pérdida de lubricación en la inversora.
Mando a Nicolás que lo suba y lo ponga en una cuna, prepara el lugar y en media hora el Bahía descansa herido en seco.
Rápidamente, Nicolás me indica que en el puerto pesquero hay un servicio Volvo, allí me voy sin pérdida de tiempo y como conozco muy bien el carácter de los dueños de estos talleres, expongo con toda la delicadeza mi agobio y la primera respuesta que obtengo es que hasta la próxima semana no me puede atender, no presiono, simplemente le ruego que solo pase a echarle un vistazo, accede.

Al ver la avería, al menos toma nota del nº de la inversora y media hora después me comunica que no hay ejes ni en Madrid ni en Bélgica y que al día siguiente podrá decirme cuando se puede conseguir un eje.
A media mañana me comunica que puede llegar uno en dos semanas, la opción no me sirve, así que sopesamos la posibilidad de enderezar el que tenemos, Nicolás conoce un taller mecánico donde trabajan piezas de precisión, vuelta al taller de Volvo para pedir, con mucho tacto, que se nos desmonte el eje. A medio día ya lo tenemos en la mano y salimos pitando al taller mecánico.
Cuando nos dicen que no hay problema en enderezarlo, ya veo el panorama de otro color, quedamos en pasar a recogerlo a media tarde y parece que el lío se va solucionando.

A las 6 de la tarde compruebo en el torno la alineación se ha conseguido una alineación con un error de solo 3 o 4 micras, creo que más que suficiente al menos provisionalmente para navegar sin problemas.
Volvemos raudos a Riveira, llevando el eje a Volvo, cuyo jefe, Miguel, ya está totalmente volcado en ayudarnos, sin demora manda a un ayudante para que nos lo monte, mientras tanto, Nicolás prepara el traveling para devolver al Bahía a su medio marino. Montamos eje y helice, se ve todo normal, ahora solo falta la prueba final, navegando.
A las 21h el Bahía vuelve al agua, doy avante y con satisfacción comprobamos la ausencia de vibraciones, casi sin mirar atrás, abandonamos el puerto de Riveira rumbo al de la Pobra do Caramiñal, atentos a cualquier anormalidad en la marcha, pero pronto comentamos con satisfacción el magnífico trabajo realizado por los profesionales gallegos.
Ya de noche recorremos las 6 millas que separan ambos puertos, eso si, ahora dejando todo el campo de bateas por babor, solo faltaba tragarnos una en la negrura de la noche.

Sin más incidentes amarramos en A Pobra, donde ya nos espera Nicolás con un marinero del náutico, felicitándonos todos por que se haya solucionado el incidente con rapidez y a un precio insignificante, para lo que podía haber sido, por último compruebo el nivel de aceite en el reductor y veo que no ha habido ninguna perdida, respiro tranquilo, esta noche dormiré a pierna suelta.
Continuará.....
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