En mi caso ya me conoció con el neopreno puesto y la neumatica en el remolque del coche. Así que el asunto marino no le pilló de sorpresa.
La decisión de pasar a armadores de un barco para largas trevesias la tomó ella "voluntariamente inducida"


. Me explico: Alquilamos un barco para una semana y un determinado día navegando a vela, mientras veía amanecer con un café caliente entre las manos, dijo y cito textualmente "esto es lo que yo quiero".
El resto ya fué buscar un barco a gusto de los dos, dentro de nuestras posibilidades económicas, y equiparlo para que estuviéramos más pendientes de disfrutar que de otras cosas.