Albert ha dicho muchas veces que él es un deportista muy aficiondo a las maratones. Antes de esta regata ya se le oyó comparando la prueba y los posibles resultados con una maratón. Si no recuerdo mal, en «La Vanguardia» y durante la regata publicó varias de sus reflexiones y una de ellas iba en este sentido. Decía que ni que fuera bajar un poco el tiempo en el que él completaba el recorrido de la maratón, ya era una victoria. Terminar ya era una victoria.
En este reportaje, lo que menos interesaba destacar es el tipo de trapo que usaban, las constantes polares del barco o la estrategia de rumbos. Para un regatista que seguía la prueba por internet, lo único que le aportaba el reportaje eran las imágenes, que él podia utilizar para completar lo que veia dia a dia en las clasificaciones de la Barcelona World Race o las videoconferencias. El objetivo de quien firmó el reportaje era otro y ya lo habéis dicho: era acercarse a ese lado humano de Albert, a sus miedos y sus alegrías navegando lejos de todo el mundo y dependiendo de Servane —su compañera en la regata—, de la pericia de ambos y de su experiencia como navegante.