Buenos días a todos desde Santa Lucia.
Por fin en tierra, después de 21 días de travesía en la que hemos tenido de todo. Al final hemos tardado casi tres días mas que la primera vez que lo hicimos en el 2019.
Ya en la primera parte del viaje teníamos viento de proa, es decir viento del sur, hasta que no doblamos la isla de Las Palmas de GC no pudimos poner algo de velas, por lo que al principio a motor. Teníamos una fuerte borrasca por las inmediaciones de las Azores que se desplazaba hacia Europa y eso hacia que no tuviéramos vientos por esas latitudes, con lo que a esperar.
Yo considerando los resultados de la primera travesía, que por la ruta norte (no bajando hacia Cabo Verde) se alcanzaban alisios de entre 20 y 25 nudos que te empujaban con poca vela hacia el este, con lo que la travesía se hacia rápida y sin mucho curro de cambiar y trimar velas.
Nada mas lejos de la realidad, todo lo contrario, los vientos se establecieron con mas constancia por la ruta sur, con lo que penamos a través del desierto azul, currando sin parar y alternando horas de noche de motor, hasta 40 horas repartidas en varias noches.
Al poco de salir también comenzó a oler el barco a cable quedado, corriendo a buscar la avería, y resulta que el regulador de las placas solares se le quema el conector MC4 que esta en la salida del mismo. El porque de ese incidente ¿? no lo se, ya que es Victron sobredimensionado, y con cable de sección suficiente y que lleva funcionando en la instalación algunos años. Lo único que se me ocurre es que como el equipo esta en el pañol de popa se le haya dado algún golpe al estibar algún elemento que haya dañado el conector y los amperios hicieron el resto.
En definitiva sin generación eléctrica potente, ya que llevo un regulador pequeño de respeto, pero que ni por asomo cubre las expectativas de consumo del barco. Maxime cuando los días se comienzan a vestir de gris, con nubes de squals (chubascos) amenazantes y que descargan trombas de agua sobre el barco además de adornarlas con fuertes vientos de entre 35 y 40 nudos que te hacen ir a 12 nudos solo con un trozo de genova. El aerogenerador hace lo que puede pero sin éxito, al estar el viento de portante y con una velocidad relativa que no supera los 7-10 nudos.
Esta fue la tónica de la segunda parte del viajes, poca autonomía eléctrica que nos obligaba a poner el motor principal como generador auxiliar durante unas horas al día, y los chubascos haciendo de las suyas, pero bueno, era agua y viento que si te acostumbras a detectarlos con tiempo pues solo tienes que arranchar el barco para la traca final y a seguir a la espera de otro acontecimiento.
Ya peor no se podía poner, pero como todo es susceptible de empeorar, en la ultima semana del viaje nos metemos en una depresión, que afecta principalmente a la zona norte por la que nosotros transitábamos, y en la que estuvimos acompañados durante unos cuatro días de fuertes chubascos pero esta vez acompañados de tormentas eléctricas, esto ya se tornaba mas grave, se hacia necesario ir en lo posible saliendo de esa zona, pero era muy grande para la velocidad que estábamos manteniendo, alrededor de 5 nudos, y además en algunas ocasiones se nos ponía el viento de sur, teniendo que ir hacia el noroeste corriendo el temporal, esquivando tormentas eléctricas e intentando no perder las valiosas millas de sur alcanzadas. En definitiva, un calvario que se saldó con la veleta fundida consecuencia de algún chispazo cercano, no llegando a alcanzar de lleno al barco, pero al parecer fundió algún circuito de la nueva veleta de BG que compre en sustitución a la anterior que ya daba fallos. Todo ocurrió intentado pasar entre dos dorsales de tormentas eléctricas por la única zona que nos quedaba libre, un estrecho pasillo entre las negras nubes, que se iluminaban y te dejaban deslumbrados cuando coincidías con la mirada hacia la zona del resplandor. Después de una fuerte descarga, el equipo de dejo de señalar intensidad y dirección de viento. VHF portátil, GPS portátil, y los móviles fueron directos al horno, para que en caso de impacto directo de algún rayo el horno haga de jaula de Faraday, y por lo menos tengamos comunicaciones de emergencia, y el pequeño Garmin de mano, que nos marcará el rumbo. Y bueno a desempolvar los conocimientos de navegación con carta y a tirar hacia el oeste y ver donde llegamos, todo ese era el plan que tenia ya elaborado en virtud de lo que estaba aconteciendo y lo que daba las previsiones para los siguientes días.
Afortunadamente cada noche íbamos sorteando las potentes tormentas eléctricas sin mayores consecuencias que las del cansancio por la falta de sueño y el tener que estar alerta las largas noches que se establecen por estas latitudes, ya que por aquí sobre las 6 de la tarde ya es de noche.
Y por fin tres semanas después de la salida de Gran Canarias divisamos primero la isla de Martinica, y luego Santa Lucia, nuestro destino, ansiado y que nos promete relajación y descanso. Y eso es lo que llevo haciendo desde que llagamos, me he metido en el magnifico hotel de la Marina, intentando olvidarme un poco del barco y dejándome llevar por los placeres mundanos, el Ron, las fiestas que organiza los de la ARC, y alguna que otra excursión por tierra. El día 22 me voy para Martinica, para echar unos días, y luego con unos invitados recorrer unos días las Granadinas.
Con esto daría terminada la segunda etapa de nuestra singladura, que retomaríamos en marzo.
Intentaré montar algún video de imágenes de esta etapa.
Saludos,

