Seguimos....
Con la ayuda de la marinería del puerto, dejamos el barco correctamente
amarrado y nos dirigimos a la oficina, para hacer la preceptiva entrada (que a
su vez era salida, ya que pensábamos irnos a la mañana siguiente). Tras esto,
examinamos el percance y por suerte, tan solo era que se había soltado uno
de los guardines. En la varada del año anterior, desmontamos la pala para
ponerne un nuevo casquillo de bronce poroso y se ve que el operario que
realizó el trabajo, al apretar de nuevo las doble tuerca que fijan los cables
al sector, no lo hizo todo lo fuerte que debía y se terminó soltando una y la
otra estaba en camino. Tuvimos que vaciar los dos tambuchos que hay en
popa, a ambos lado de la pala, para poder trabajar. Éstos son bastante
profundos, aunque algo estrechos. El problema resultó estar en que tanto
la tuerca como como la arandela que se habían aflojado, estaban en el fondo
del compartimento y resultaba complicado llegar a ellas, para recogerlas y
volverlas a utilizar. Yo, ni corto ni perezoso, cogí una pinzas de la cocina (de
esas que se utilizan para darle la vuelta a la carne en el asador) y tras ver que
metiéndome de pie no alcanzaba a pillar la puñetera tuerca, intenté hacerlo al
revés, meterme cabeza abajo e irme dejándome “sumergir” en el puñetero
tambucho, hasta llegar a la tuerca. Entrar entré bien, solo era caer e ir bajando
por un sitio un poco angosto. El problema llegó tras alcanzar la tuerca y dársela
a mi compañero (que estaba en la otra parte del tambucho). Ahora había que
salir y si antes, hacia abajo, me deslizaba como una anguila, ahora tocaba hacerlo
con la cabeza para abajo. José empezó a tirarme de las piernas, al tiempo
que yo me ayudaba con las manos, empujando hacia arriba. Pero había un
momento, en el que las costillas se me encajaban en el filo de la entrada del
tambucho y se me clavaban, por lo que el dolor me impedía empujar para
arriba. No veáis que ratito más malo pasé, pensando que no iba a poder salir
de allí, sin tener que partir parte del barco. Por fortuna, en algún momento de
la “pelea”, al cuarto o quinto intento, realicé un escorzo y las costillas, que
estaban a “contra pelo”, zafaron el borde del tambucho. ¡¡Por fin veía la
libertad!!. Serían tres o cuatro minutos.... pero que largos se me hicieron.
No se puede uno confiar lo más mínimo. Te enfrentas a una travesía de algo
más de 1000 mn (desde el puerto inicial de Burriana), con el tráfico de los
mercantes y las corrientes del estrecho, con el problema de las orcas, con
una meteorología que te puede ser adversa… y al final, donde peor lo pasas
es en puerto, por un mal cálculo de tu propia anatomía.
Con el asunto resuelto y procurando olvidar lo antes posible el mal rato
pasado, nos dispusimos a darnos una relajante ducha y después, ataviados
con las mejores galas que disponíamos a bordo, tomarnos una buena cena,
ya que la siguiente vez que comeríamos en tierra, sería tras la arribada a
Arrecife.
Salud y
