En este clásico eterno retorno y futilidad de todo esfuerzo por alterar el rumbo de un mundo inercial del que los veleros son su ejemplo, su paradigma y su metáfora ... es inevitable recordar al viejito Baroudeur de 6 mil Euros de Román que para más chiste lo diseñó el viejo André Beneteau
Surfeando espléndidamente Olas Océanicas controlado por un piloto de caña con poco más cerebro que una radio galena
