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Predeterminado Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

Saludos mi entrada de hoy; Fuente Españoles invisibles

BERNARDO DE LA TORRE; CUANDO ESPAÑA AVISTÓ JAPÓN

Tal día como hoy, pero de 1543, el marino español Bernardo de la Torre zarpa de Sarangani (Filipinas) a bordo de la nao San Juan de Letrán con la intención de llegar a Nueva España en demanda de ayuda la expedición al mando de Ruy de Villalobos. Todas las tentativas españolas de volver a América desde Asia por el Pacífico habían fracasado y lo seguirían haciendo hasta que Andrés de Urdaneta encontró una ruta de vuelta conocida como el célebre “Tornaviaje”

El propósito de los Reyes Católicos y Colón de llegar a las islas de las especias navegando hacia el Oeste, si bien topó con el continente americano, fue retomado con idéntico interés por sus sucesores de la Casa de Austria, culminando con éxito con la expedición Magallanes – Elcano en la que también se descubrió el archipiélago de las Filipinas.
Sin embargo, alcanzada la meta, la corona española se encontró con dos problemas de distinta índole pero parecida gravedad: por un lado, el conflicto con Portugal sobre el antimeridiano fijado en el Tratado de Tordesillas y consecuentemente la especiería correspondía a Portugal o España, y por otro los sucesivos fracasos de los navegantes españoles en sus intentos de retornar al continente americano, cuestión esta última que no se vería solventada hasta la navegación de Andrés de Urdaneta en 1558 conocida como el ·”Tornaviaje”. Antes, muchos navegantes como Bernardo de la Torre lo habían intentado sin éxito

Filipinas

El contemporizador por familiar Tratado de Zaragoza de1529 firmado entre Carlos V y su cuñado Juan III de Portugal dio carpetazo – al menos oficialmente - a las aspiraciones españolas sobre las islas Molucas tras las expediciones de Magallanes-Elcano (1519-1522), García Jofre de Loaysa (1525-1527), Álvaro de Saavedra (1527- 1529) y Hernando de Grijalva (1536-1537).
Cerrado ya ese capítulo, los intereses españoles – ya con Felipe II en el trono – se centraron en la ocupación de las islas Filipinas y el establecimiento de una ruta que garantizase el contacto regular del archipiélago con las costas americanas, mediante una serie de expediciones organizadas desde el virreinato de Nueva España. Una de ellas fue la de Ruy López de Villalobos
aunque no condujo a una ocupación permanente del archipiélago ni a la determinación de una ruta de retorno a las bases novohispanas.

Ruy López de Villalobos

Por orden de Antonio de Mendoza, virrey de Nueva España, Villalobos partió hacia los mares del sur en noviembre del año 1542. desde el puerto de Navidad, al mando de una flota compuesta por seis barcos: la nao capitana Santiago (con Villalobos como capitán), las naos San Jorge (capitán Bernardo de la Torre), San Antonio o San Felipe o Los Siete Galigos (capitán Francisco Merino) y San Juan de Letrán (capitán Alonso Manrique), la galeota San Cristóbal (capitán Pedro Ortiz de Rueda) y una unidad caracterizada según las fuentes como bergantín San Cristóbal o fusta San Martín (capitán Juan Martel).

La expedición, mandada por Villalobos, como teniente de gobernador y capitán general de la Armada, y con Íñigo Ortiz de Retes como alférez general, estaba integrada por cerca de cuatrocientos hombres (de trescientos setenta a cuatrocientos) entre marineros y soldados, además de algunos funcionarios, cuatro religiosos agustinos y otros cuatro clérigos, junto con otro grupo también cercano a las cuatrocientas personas compuesto por indios novohispanos y esclavos negros.

La expedición tenía como objetivo el descubrimiento, exploración, colonización y evangelización de nuevas tierras en el Mar del Sur, y como aspiración específica la determinación de la ruta que permitiese el retorno a las costas novohispanas, que hasta ese momento se había saldado con sonoros fracasos como los de Gonzalo Gómez de Espinosa (1521) y Álvaro de Saavedra (1528).

En su singladura a través del Pacífico descubrió un archipiélago que entonces se llamó de Revillagigedo, las islas del Coral, islas Jardines (hoy llamadas Marshall, antes Carolinas Orientales), las Matalotes (antes Carolinas Occidentales y Arrecifes, siendo así que también avistaron las Hawaii. Tras tocar en 1543 en la isla de Mindanao arribó a Luzón a la que llamó Cesarea Caroli. Prosiguió viaje por las islas de Poniente, luego llamadas Filipinas, hasta la de Sarangán (Antonia), donde intentó fundar sin éxito un asentamiento, debido a la inexistencia de tierras para el cultivo.

Bernardo de la Torre, el tornaviaje y las islas japonesas.

Así las cosas, Villalobos envió a Bernardo de la Torre a explorar Mindanao para que después siguiera la ruta de Levante y pusiese rumbo a México con el fin de pedir refuerzos humanos y materiales para su empresa.

El 4 de agosto de 1543 De la Torre zarpó de Sarangani a bordo de la nao San Juan de Letrán llevando como pilotos a Gaspar Rico y a Alonso Herreros, se detuvo en Leyte para cargar víveres, y el 26 del mismo mes reanudó la marcha. Fue ganando altura hasta dar vista a tres islas de las Ladrones o Marianas, sobre los 16° y 17° de lat. N. Más al septentrión, hallaron tres islas en torno a los 25°, y alcanzados los 27° descubrieron otras tres, una de las cuales era un volcán en actividad. A algunos de estos hallazgos llamaron Dos Hermanas, Los Volcanes y Mal Abrigo; correspondían, a los archipiélagos japoneses de Volcano (Iwo Jima) y de Bonin.

Ivan Gaetanno (Juan Gaitán, para los españoles) fue el cronista del viaje y señala : “El capitán general (Ruy López de Villalobos) determinó enviar a Bernardo de la Torre en un pequeño navío que él tenía, con dieciocho o veinte hombres, a la vuelta de Nueva España, y dar aviso de nuestra navegación al virrey hasta estas islas; y el que esto escribe es uno de aquéllos”.

Más preciso se muestra el portugués Antonio Galvao, en su obra “Tratado de los descubrimientos”, donde aparecen los nombres de las islas descubiertas durante el viaje. Refiere así la partida de la nao desde la isla filipina de Samar: “Cargaron víveres, agua y leña, y se hicieron a la vela; fueron algunos días al Este, viento en popa, hasta que les fue escaseando, y llegaron cerca del trópico de Cáncer. El 25 del mes de septiembre vieron unas islas a las que pusieron de nombre Mal Abrigo (quizá las actuales Sulphur). Y más adelante descubrieron las Dos Hermanas (quizá las Hillsborough); y más adelante hallaron otras cuatro que bautizaron los Balcones (las Volcanes, en el grupo volcánico de Bonín), y en este mismo grupo otras islas (Ogasawara) que denominaron del Arzobispo. El 2 de octubre avistaron la Farfana. Y más allá de ellas hay una roca alta que echa fuego por cinco partes. Yendo así en 26 grados de altura, a setecientas leguas de donde habían salido, según los que ellos estimaban, por no hallar tiempo arribaron a las islas Filipinas; vieron seis o siete, pero no surgieron en ellas, y así pasaron por un archipiélago de islas muy pobladas de gente, que están en 15 ó 16 grados de altura”.

Las Relación del viaje, escrita por el factor García de Escalante Alvarado, embarcado en la expedición de Ruy López de Villalobos, expone: “Dicen los que en el navío fueron que, partidos de Sarangán (o Sarangani), fueron a tomar los bastimentos a las Filipinas, en el río de Tandaya; y habiéndolos tomado, partieron de Tandaya a 26 de agosto de 1543, y en altura de 26 grados vieron una isla pequeña, y en 26 leguas adelante vieron otras dos que están norte-sur con las isas de los Ladrones (las Marianas). Y delante de éstas vieron otras tres; la una es un volcán que por tres partes echa fuego. Y a dieciocho de octubre se hallaron los pilotos setecientas y cincuenta leguas andadas de camino, de línea recta, y en altura de treinta grados escasos. Y allí les dio tanto temporal del norte que les hizo arribar, por el navío ser tan pequeño y llevar los árboles sentidos y no poder sufrir la mucha mar que hacía. Y en trece días volvieron a la isla de Tandaya, y tomáronla por la banda del norte”.

El agustino fray Jerónimo de Saavedra, a su vez cronista, dedica una sucinta relación al viaje: “A 26 de agosto partió de aquellas islas Bernardo de la Torre, y Gaspar Rico por piloto (piloto de la nao Santiago cuando la expedición de Villalobos partió de Nueva España) y Alonso Fernández Tarifeño por segundo piloto (piloto de la nao San Jorge en la citada previa expedición) Dicen que anduvieron hasta ponerse en 29 grados ó 30, y que hallaron tan grandes mares que, por no hundirse, arribaron”.

Por último, el historiador británico James Burney escribe a principios del siglo XIX con relación a la travesía: “El San Juan, con una tripulación de 18 ó 20 hombres, se hizo a la vela desde Sarrangán el 26 de agosto de 1543 y navegó por el este de Mindanao hasta la parte norte de la isla de Tandaya, donde se abastecieron. Desde Tandaya navegaron a levante durante varios días con buen viento, hasta que fue rolando gradualmente y se puso cuarta del sudeste. Después de navegar unas 200 leguas, descubrieron una pequeña isla en 16 grados norte, que llamaron Abriojos (abre tus ojos), porque era llana y casi al nivel del agua.

Unas 26 leguas más adelante, al este cuarta al nordeste, descubrieron dos islas grandes o altas, que bautizaron Las Dos Hermanas. Siguiendo al este y nordeste, en 25 grados norte, y después de navegar 300 leguas desde las anteriores, vieron tres islas, para las que se calculó una distancia de 500 leguas desde Tandaya. Estas islas se encuentran en latitud de 24 y 25 grados norte; una de ellas es un volcán y ambas fueron denominadas Los Volcanes. El día 2 de octubre, a 30 leguas más allá, al este y norte, vieron una isla deshabitada que llamaron la Farfana, isla que al otro lado tenía una roca alta y puntiaguda que arrojaba fuego por cinco sitios. Continuaron al nordeste hasta el 18 de octubre, en que llegaron casi a 30 grados de latitud norte y a unas 700 leguas de Tandaya. Entonces se dieron cuenta de que navegaban demasiado tarde para la época del año en que se encontraban, así como de que su provisión de agua era insuficiente para seguir adelante, por lo que acordaron volver a las Filipinas”.

El 18 de octubre, debido a los fuertes vientos y la escasez de agua para el largo recorrido que aún quedaba hasta Nueva España, navegadas 750 leguas desde la partida, la expedición puso proa al rumbo contrario, oeste cuarta al sudoeste, avistando en el camino de regreso a Filipinas unas islas que supusieron de los Ladrones (las Marianas), que pueden ser Farallón de Medinilla, Saipán y Tinián, ciertamente en el archipiélago mariano.

Desde el norte de la isla de Samar (Tandaya o Filipina), Bernardo de la Torre fue a encontrarse con el Capitán General López de Villalobos para rendirle cuenta del viaje; hacía cuatro meses que se habían despedido en la isla de Sarangani. Otra vez debido a los vientos, De la Torre dirigió la San Juan por la parte Oeste de la isla, inauguró las travesías españolas por el canal o estrecho de San Bernardino, que separa las islas de Luzón y Samar. En esta navegación descubrieron y bautizaron el canal de San Clara, la bahía de la Resurrección y la isla de Las Palmas.

La expedición de Bernardo de la Torre pese a no lograr su objetivo de establecer una ruta entre las islas de Poniente, Filipinas, y el virreinato de Nueva España, posibilitó ampliar el conocimiento del inmenso Mar del Sur en cuanto a islas, corrientes y vientos que sería de utilidad para el éxito obtenido por los españoles en 1565: el tornaviaje
Villalobos y los portugueses

Mientras la nao San Juan de Letrán partía a Nueva España y la galeota San Cristóbal zarpaba en dirección al Norte, a la isla de Leyte (agosto de 1543), Villalobos recibía la primera visita de los portugueses, molestos por la presencia española en la zona, pese a lo cual los dos requerimientos de Jorge de Castro, el gobernador de las Molucas, fueron contestados por parte española señalando que Mindanao y Sarangani estaban incluidas dentro del área asignada a la corona española por los Tratados de Tordesillas y Zaragoza.

A pesar de todo, sin las necesarias provisiones, Villalobos se vio impelido a poner rumbo al Norte, sosteniéndose un tiempo en la isla de Leyte, pero finalmente los vientos le impusieron la derrota de las Molucas portuguesas, donde tras múltiples conflictos y negociaciones con los portugueses, Villalobos renunció, también contra el parecer de algunos de los expedicionarios, a realizar un tercer intento de tornaviaje, y llegó a un acuerdo con el capitán mayor Hernando de Sousa para repatriar a todos los expedicionarios en naves portuguesas y regresar a la Península Ibérica por la ruta de la India o “ruta portuguesa”, iniciándose un funesto retorno en Ternate en febrero de 1546 hasta su desenlace en Lisboa, adonde llegaron en 1548 un total de ciento cuarenta y cuatro supervivientes, Villalobos murió de fiebres palúdicas en la escala realizada en la isla de Amboina,se dice que en brazos del jesuita español Francisco Xavier, siendo enterrado en el pueblo de Zozanibe, y de Bernardo de la Torre, el navegante del Mar del Japón, se pierde toda pista en este viaje de regreso.
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