Cuento mi drama...
Recuerdo que la primera vez que vi una tabla de paddle surf y me dije que ni de coña me subía yo a algo así. Además de lo ineficaz e incómodo que me parecía andar cambiando de postura para remar, suponía que debía de ser malísimo para la espalda. De lesionarse fijo.
De vez en cuando, al pasar por el Decathlon local, echaba miradas a las tablas allí expuestas, escépticas al principio, inquisidoras después... y un día, casi sin querer, me encontré haciendo un cursillo de un par de horas en el puñetero artilugio. Y desde entonces, he sucumbido.
Siempre he navegado y mantengo los instintos y la precaución. No salgo con viento fuerte de tierra o corriente. No corro más riesgos de los que soy capaz de medir. De los otros, no está libre ni dios.
Al principio sólo salía en verano. Ahora tengo dos neoprenos y no renuncio a los tiempos nobles del invierno. No es malo para la espalda y me parece que es muy bueno para el coco. Hora y media o dos horas de remo seguidas y suaves, de cala en cala, sobre fondos transparentes, sin ruidos, rodeado de bichería, peces, aves, nutrias o delfines a veces, me deja buen recuerdo. Es también un ejercicio tranquilo, pero bastante considerable.
Antes paleaba también en kayak. Pero me he vuelto perezoso para cargar con cosas en portabultos. La tabla la llevo en el maletero y pesa lo justo. Igual estoy equivocado, pero la disfruto bastante.
En fin, que una certeza más que se me ha desplomado. Definitivamente, es jodido lo de cumplir años...
Salud,
