Buenas noches a todos los cofrades. A los de toda la vida, al Tabernero y a su bella Natacha, a los nuevos grumetes, y también un brindis por los que desde el cielo nos contemplan.




He entrado después de dos años justos en la Taberna.He estado muy malito pero el Dios de los mares azules y del inmenso firmamento ha querido dejarme un ratito más aquí abajo.
Realmente el tema de las orcas da para mucho. No tiene ninguna gracia que uno de esos corpulentos grandullones nos embista porque no les gustamos, o porque el ruido de las vibraciones del timón o de lo que sea.
Algunas propuestas son bastante singulares pero no creo que sea la panacea poner el casco como un erizo, ni disparar un arpón de pesca submarina (no me imagino de qué es capaz una orca cabreada),ni me parece una solución brillante tampoco ir tirando petardos a la cabeza de los cetáceos, aunque nunca se supo de ninguna orca visitando al Otorrino. (¿Sabeis si alguno de los amenazados navegantes ha probado poner a toda cebolla un reagueton detrás de otro


?)
Fuera de coñas, la orca no tiene depredadores naturales pero evita las zonas ruidosas o con gran tráfico marítimo, dice la IA. Pues yo no sé entonces qué hacen en el Estrecho.
La cuestión es que habrá que evitar navegar de noche por según qué zonas y a ver si los biólogos marinos dan con alguna tecla eficaz, no contra las orcas, ¡líbrenos Dios!, sino para la seguridad de los pequeños veleros. No sé, algún color u olor especial que las repela o un ultrasonido específico.
Saludos.Konz.