Saludos, mi entrada de hoy! Fuente; Todo a Babor
https://www.todoababor.es/historia/m...l-callao-1772/
Motín en la escuadra de José de Somaglia. El Callao, 1772
8 enero, 2026 Armada.
Muchos creen que los motines o sublevaciones de dotaciones españolas a bordo de buques de guerra son escasos. Es cierto, si se compara con los motines acaecidos en la Royal Navy en el siglo XVIII, como los ocurridos en Nore y Spithead en 1797. Pero la Real Armada, aunque en menor número e intensidad, no carece de estos actos de rebeldía.
Uno de estos motines masivos ocurrió en enero de 1772, antes de zarpar una escuadra del puerto de El Callao de Lima, cuando una parte de las tripulaciones se rebelan al no estar conformes con las pagas.
Antecedentes
Este motín o sublevación sucedió a comienzos de 1772 en el puerto de El Callao, en el Pacífico. Tiene como protagonistas a las tripulaciones de la escuadra del brigadier José de Somaglia, cuando estaba fondeada y se disponía a zarpar rumbo a Europa con numerosos caudales y otros géneros.
Antes de entrar en materia, el hecho del motín en sí, veamos cuales fueron los buques involucrados, porqué fueron destinados al océano Pacífico y su navegación desde Cádiz.
El envío a las costas sudamericanas del océano Pacífico, conocido como el Mar del Sur, de una escuadra con tropas y pertrechos, tuvo su motivación en la posible guerra que podría estallar con Gran Bretaña por las disputas entre las dos naciones por el archipiélago de las Malvinas.
Los británicos se establecieron en Puerto Egmont en 1765, tomando posesión de las Malvinas en nombre de su rey. Una escuadra española de seis fragatas sale de Montevideo en mayo de 1770 y desembarca a unas 1.500 tropas en las islas, desalojando a los británicos de Port Egmont. Los británicos, heridos en su orgullo, amenazaron con declarar la guerra.
Las noticias del establecimiento británico habían llegado a Madrid. A finales de mayo de 1768 se ordena alistar una pequeña escuadra para una comisión en el Mar del Sur, a petición de Manuel de Amat y Junyent, virrey del Perú, con tropas y pertrechos, además de patrullar el litoral.
También debían sustituir al navío San José (a) El Peruano, que había sido destinado a la conducción a la Península de los jesuitas expulsados.
Es designado el navío Septentrión, y se concede su mando del capitán de navío Antonio González de Arce Paredes y Ulloa. Al navío se le hacen algunas reparaciones y se le suministran seis meses de víveres.
El 8 de agosto ordena Arriaga a Carlos Reggio, comandante del departamento de Cartagena, que se una a la expedición el navío Astuto, para llevar más tropas y pertrechos. Además de las tropas, se embarcan varios pasajeros. Una vez llegados a Cádiz se debían embarcar más tropas destinadas a América.
El 29 de octubre de 1768 zarpan de Cartagena los navíos Septentrión, al mando del capitán de navío Antonio González de Arce, y el Astuto, capitán de fragata Pedro Trujillo, y la fragata Santa Rosalía, capitán de fragata Antonio Domonte, con destino a los puertos de Talcahuano y El Callao, en cumplimiento de la Real orden del 21 de octubre de ese año.
La noche del 6 al 7 de noviembre la escuadra se dispersa cerca del estrecho de Gibraltar por una fuerte tormenta, quedando los navíos desarbolados.
Una vez reparados, zarpan de Cádiz por segunda vez rumbo a América el 9 de enero de 1769. Llevan entre los tres buques a 38 oficiales y 600 soldados de transporte, además de una corta dotación de 725 hombres.
Debido al mal tiempo no pueden cruzar el Cabo de Hornos, las tres naves se separan, arriban a Buenos Aires y después recalan a Montevideo, donde tuvieron una prolongada estancia.
Zarpan del Río de la Plata el 16 de diciembre para cruzar el Cabo de Hornos y fondear en Talcahuano en marzo de 1770, aunque lo hicieron de forma escalonada al separarse durante la travesía.
Llegan con muchos enfermos de escorbuto, que son dejados en tierra para su sanación, además de parte de las tropas y pertrechos. Después de tres meses en puerto, el 25 de junio de 1770 zarpan de Talcahuano los dos navíos y la fragata rumbo a El Callao, en cuyo puerto recalan el 28 de julio.
No fueron éstos los únicos buques en llegar al Pacífico. El 8 de mayo de 1769 sale de Cádiz el navío San Lorenzo, al mando del capitán de fragata Felipe González Haedo, con tropas y pertrechos. Llega al Callao de Lima el 21 de mayo de 1770.
A mediados de junio de 1771 llega a Callao el navío Peruano, al mando del brigadier José de Somaglia. Había salido de Cádiz a finales de octubre de 1770 con el mercante Prusiano, con tropas para el Río de la Plata.
A bordo del navío iban algunos pasajeros, la compañía de infantería de marina del Callao que había llevado a Cádiz dos años antes, cañones, armas, pertrechos y 3.000 quintales de azogue para el virreinato. José de Somaglia se hizo cargo de todos los buques estacionados en el Pacífico.
Desaparecida la posibilidad de un conflicto con Gran Bretaña por la crisis de las islas Malvinas, en diciembre de 1771 llega a Lima la orden para el regreso a la Península de varios buques, los navíos Septentrión, Astuto y San Lorenzo, y la fragata Liebre, quedando en Callao el navío Peruano y las fragatas Santa Rosalía y Águila.
Los buques se cargan con más de 9 millones de pesos, producto de la recaudación de impuestos, más otros seis millones de pesos en mercancías y dinero propiedad de particulares.
El motín
Los buques estaban listos para zarpar en enero de 1772. El virrey Manuel de Amat se dispuso a abonar los salarios de las dotaciones, pero solo hasta octubre de 1771. Los otros dos meses se deberían abonarse una vez llegados a Cádiz.
El 16 de enero, en el momento de hacer el pago a la gente de mar del Septentrión y del Astuto, algunos se mostraron disconformes con los salarios que iban a percibir, rechazando el dinero que los contadores les ofrecían al grito de «Viva el Rey y muera su mal gobierno».
Algunos marineros se concentraron en los castillos de proa y comenzaron a correr de una banda a otra con mucho griterío, tratando de sublevar al resto de marinería. Al tratar de contenerlos, algunos se subieron a las jarcias.
El brigadier Somaglia, González de Arce y otros oficiales desenvainan las espadas y logran controlar la situación. Son puestos en el cepo un hombre del Astuto y dos del Septentrión.
Ante la amenaza de la pena de muerte por parte de Somaglia, consigue que formen en cubierta, se pase revista y se haga el pago de los salarios. Esa misma tarde, cuando se disponían a azotar al detenido del Astuto, un artillero trató de evitar el castigo incitando a la tripulación a sublevarse.
Somaglia reúne a los comandantes. Opinaron que era suficiente el castigo de azotes que había sufrido y que debía ejecutarse a los detenidos en el Septentrión. Somaglia informa al virrey de la sublevación, que aprueba las disposiciones tomadas por los comandantes.
Esa misma noche del día 16 son llevados al castillo de San Felipe del Callao los dos condenados del Septentrión, junto a un artillero. Varios marineros que habían participado en los disturbios son trasladados al navío Septentrión, donde más había calado la rebelión, con el propósito de contenerla.
Los ánimos parecieron calmarse, pero algunos oficiales temían que el motín se reprodujese durante la larga travesía a Cádiz, y llevaban a bordo una valiosa carga, por lo que pidieron al virrey medidas más duras y contundentes, haciendo la petición al virrey el teniente de navío Cayetano de Lángara, del navío Septentrión.
Al amanecer del día 17 se embarcan en el Peruano tropas de las guarniciones de los buques. A las 6 de la mañana llega el virrey Amat a Callao e iza bandera de justicia en el castillo, para subir después a bordo de los buques.Manda embarcar a 100 soldados de refuerzo en cada uno de los navíos, excepto al Peruano donde ya estaba la tropa de marina.
Con este despliegue de fuerza, a las 8:30 de la mañana del 17 embarca el virrey en el Septentrión, forma a la marinería en cubierta y ordena diezmar a la tripulación. A los dos cabecillas, y que ya fueron procesados anteriormente, se les lleva desde el castillo a bordo del navío Peruano y son colgados de la verga del palo de trinquete esa misma mañana.
En el diezmo son escogidos 27 hombres, de los que 7 son condenados a muerte y fusilados y el resto a penas de azote y presidio perpetuo. Lo mismo se repitió en el Astuto, donde 4 tripulantes son condenados a muerte y otros 14 a azote y presidio. La ejecución se lleva a cabo a las 11 de la mañana.
El navío San Lorenzo y la fragata Liebre también recibieron la visita del virrey, pero no se encontraron causas por las que se debía castigar a la tripulación.
Con las sentencias cumplidas y los oficiales satisfechos, los buques cargados estabas listos para realizar la larga travesía. El 18 de enero de 1772 zarpan de El Callao los navíos Septentrión, Astuto, al mando del capitán Trujillo, San Lorenzo, al mando del capitán de fragata González de Haedo, y la fragata Liebre, del capitán de fragata Manuel López Bravo, mandados por Antonio González de Arce, comandante del Septentrión.
Llevaban un cargamento de más de nueve millones de pesos en oro y plata y otros seis millones en mercancías y dinero de particulares. Por una fuerte tormenta se separan cerca de las islas Canarias. Vuelven a reunirse, y fondean en la bahía de Cádiz el 15 de junio de 1772.
El comandante Antonio de Arce sería ascendido a brigadier por sus servicios.
Consecuencias
El virrey Amat, justificándose ante el rey, indicó que las medidas extremas fueron obligadas, a la vez que amargas, para restablecer la disciplina, a la vez que reclamadas por los propios comandantes de los buques.
También manifestó su compasión, pues debían haber sido ajusticiados 43 hombres, y a los condenados a presidio perpetuo se les cambió la pena a servir por cuatro años en los buques de la Armada.
Los hechos ocurridos en Callao provocaron debates en la Corona española y en su Armada. El virrey Amat había resuelto la sublevación con energía, y con crueldad.
Había puesto en evidencia un grave problema, la recurrente injerencia de los virreyes en los asuntos que involucraban a la Armada. Era un problema de competencias.
Por una Real orden del 6 de febrero de 1778, solo los oficiales de la Armada podían formar juicios y dictar sentencias a los integrantes del cuerpo, «con expresa inhibición de los virreyes, aun en aquellos casos en que se manden estarse a sus órdenes algunos bajeles».
Es decir, en lo sucesivo, las causas contra las tripulaciones debían resolverlas sus comandantes.