Ya recompuestos un poco de la travesía, nuestros cofrades nos cuentan de la excelencias del lugar, las rías altas poco tienen que ver con las bajas, la dureza del clima cantábrico marca la pauta en la vida de esta zona, bastante más agresivo que sus homónimas del sur, aunque rivalizan en belleza, las de Cedeira, Ortigueira, O Barqueiro y esta misma de Viveiro, la más grande y navegable.
Para testificar los méritos de la ría, Manolo y Tito, nos proponen llevarnos hasta la ermita de San Roque, por una carretera bien empinada, accedemos al monte encima de Viveiro, la panorámica desde el mirador es de los que no se olvidan, toda la ría en su esplendor a nuestros pies, espectacular la excursión.
Volvemos al puerto y entre hacer unas compras, ordenar las cosas a bordo y prepararnos, Aida Lewis, una caracolada al estilo riojano, pasamos las horas centrales del día, con la presencia del cofrade Jotaguirre, que se ha venido desde Asturias a recibirnos y con quien hemos pasado unos momentos divertidos en torno a la mesa.
A últimas horas de la tarde vuelven nuestros anfitriones para llevarnos a cenar a un mesón donde nos aseguran que se come el mejor pulpo de la ría, no hemos salido defraudados en absoluto, sino todo lo contrario, elogiamos la buena cocina y disfrutamos una vez más del ambiente y la familiaridad que nos brindan los cofrades gallegos, chapeau.
Como es la constante en este viaje, estamos pendientes de la meteorología a cada instante y lo que vemos en los partes no es nada halagüeño, así que con harto pesar decidimos soltar amarras esta misma noche, para aprovechar que el viento del este, en la nocturnidad se suaviza.
Salimos del puerto, despedidos por nuestros amigos de madrugada, con un tripulante menos, Forban, que ha de regresar a Valencia desde Santiago.
Izamos velas nada más salir del cauce del río Landrove y encaramos la ría propiamente dicha, de momento una brisa terral hace que las velas se hinchen, pero a medida que ganamos la punta del Faro, la marejada residual se hace notar en la proa del Bahía, en punta Sainas variamos el rumbo al 80º con viento ya establecido del E de 12 nudos y al doblar punta Roncadoira presidida por su faro, hacemos rumbo directo a cabo Peñas, 73 millas, al 95º
Navegamos a motor, hemos enrollado el foque y poco después arriado la mayor, que a pesar del rizo que habíamos metido, no cesa de gualdrapear. El Bahía cabecea en la marejada, todavía próximos a la costa de San Ciprian, pero a partir de Burela en que esta, se dibuja más hacia el sur que nuestro rumbo, las olas comienzan a crecer y los pantocazos se hacen mucho más desagradables, no queda más remedio que seguir cerca de costa, a pesar de tener que recorrer más millas.
Variamos el rumbo 30º más al sur, poniendo proa hacia Tapia de Casariego, lo que propicia que la navegación sea un poco más grata, al tomar la ola por la amura, dentro de la incomodidad de navegar contra viento y marea, ni tan siquiera izamos de nuevo la mayor
Volvemos a las guardias de a uno, aunque al ser un tripulante menos, la extendamos a dos horas, siempre con el piloto gobernando el Bahía.
Amanece pasando Tapia, con día despejado, a poco más de cuatro millas, la mar un poco más calma y el viento que se mantiene siempre del E en 12 nudos, pero estas condiciones no se mantienen por mucho tiempo, a medida de que el sol gana altura, el viento comienza a reforzarse, con el consiguiente incremento de la ola, los rociones se hacen notar y a la altura de Luarca hemos de pegarnos más a costa, resguardándonos a sotavento de cabo Vidio, siempre atentos, además, a los innumerables palangres que los pesqueros locales calan por todos los lados, en el mejor de los casos, señalizados con una pequeñas boyas y que a duras penas se ven más allá de cincuenta metros, como el caso que ya a unas dos millas de Vidio y a un escaso cuarto de milla de los bajos de los Negros, hemos detectado una red, no sabemos cuan a superficie estaba calada, pero hemos ido siguiendo, a menos de diez metros, por más de doscientos metros, toda una fila de pequeños flotadores, hechos de corcho gris, mimetizados con el color del mar.
Libres ya del compromiso con la red, a todas luces ilegal, abandonamos el resguardo de los altos acantilados de Vidio, para dar margen a los bajos de su restinga, que apuntan al norte un cuarto de milla y que con la mar formada se ven claramente los penachos de espuma.
De nuevo una vez dejado atrás Vidio, hemos de retornar a la protección de la costa, pues a medio día ya tenemos veinte nudos, siempre del este. Enfilamos la entrada de la ría de Avilés, incluso sopesamos entrar en ella, pues Peñas ha de estar bastante duro, pero la tripulación no se intimida y seguimos adelante, sin separarnos un cuarto de milla de la orografía ribereña, bordeamos la playa de Chago, cabo Negro y el arenal de Verdicio, en las inmediaciones ya del complicado cabo Peñas.
El viento en la zona ya ronda los treinta nudos, conozco bien el cabo y anuncio a la tripulación que donde estamos, voy a pasar por dentro de la isla Erbosa, mejor que bordear todos sus bajos por fuera.
El paso no es para principiantes de estas aguas, pues aunque la isla se encuentre a trescientas yardas de tierra, en el centro del paso están los Ballerines, unos arrecifes a flor de agua que solo dejan libre una cincuentena de metros junto a la isla Erbosa, por ahí nos colamos, con Joakin a la caña y yo atento a toda la información visual y electrónica del reducido espacio. La cantidad de bajos en la zona del cabo, hace reducir la fuerte marejada de la zona a una simple marejada, aunque una vez bordeado el cabezo de la Romanella y ya de nuevo en aguas libres, el maretón se deja sentir con toda su intensidad, Joakin me indica que el anemómetro le indica treinta y dos nudos, ahora ya con rumbo al puerto del Mussel y sin perder vista las aguas de la proa por evitar que los omnipresentes palangres, nos causen un disgusto con esta mar.
Al llegar a las inmediaciones del puerto, nos encontramos con el nuevo espigón que se está construyendo, hemos de enfrentarnos de nuevo a la ola de proa para salvar la cantidad de boyas que están fondeadas en la punta y como desconocemos si hay cables u amarras entre ellas, mejor dejamos la marca verde por estribor, aunque nos incomode el rodeo que hemos de efectuar.
Ahora si, las dos últimas millas las haremos a vela, desplegamos el foque y cuando lo estamos cazando, ¡¡Zás!! La polea del puño que salta, ala, a recoger de nuevo y seguir con el motor.
Amarramos en el pantalan de transeúntes del deportivo gijonés a las 18,30, menos mal que hemos llegado a tiempo, porque a las 19h cierran la capitanía y con ella la posibilidad de darnos una merecida ducha, para quitarnos el salitre de encima.
Recompuestos un poco a la carrera, salimos a tomarnos unos culines de sidra y enjuagar en lo posible, una desagradable navegación a motor,
Por las tabernas de Cimadevilla, hacemos balance de lo navegado hasta ahora y todos coincidimos en que de las vueltas a la península realizadas hasta ahora, esta, está siendo la más desafortunada, aunque no la más dura, muchísimas horas a motor y más de un 80% con el viento en contra, desde que salimos de Valencia, el día 25 del mes pasado, aunque en compensación, esta vuelta la recordaremos como la de la confraternidad y todo gracias a la Taberna y a Marcantabrico.
Nada más amarrar el Bahía las Islas en Gijón, he echado un vistazo a la meteo y si no salimos esta misma noche para la última etapa hasta Bilbao, hemos de esperar a que pase la borrasca que en estos momentos esta entrando por Galicia, como andamos escasos de gasoil, aunque no de moral y hasta mañana a las 9h no abren la capitanía , decido dejar amarradito el Bahía hasta la semana que viene que vendremos a buscarlo y con una previsión de vientos portantes

Espectacular vista de la Ría, desde la ermita de San Roque

Exquisito plano han preparao nuestros marmitones

la visita de Jotaguirre anima el ágape

En la cena brindamos con las tradicionales taciñas de ribeiro

Rufino a lo suyo, cuando las condiciones no le permite dar paseos por cubierta

Las inmediaciones de cabo Peñas, siempre bien pegaditos a las piedras

El paso por dentro de isla Erbosa

El Bahía, amarradito en Gijón a la espera de la última etapa
Salud
