Pues sí, tengo un par de amigos que ni hartos de vino subirían a un barco, y mucho menos a un pequeño velero.
Por lo demás, pienso que ese miedo, como bien dices, tiene algo de atávico y está en todos nosotros en mayor o menor medida, más o menos enterrado. Yo soy relativamente novato en mi afición a la vela; llevo poco más de 10 años de armador, saliendo casi siempre en solitario, y siempre, al soltar amarras, siento, no lo llamaré miedo, pero si una cierta tensión en el estómago, por más apacible que esté el día. Es curioso que se me pase tan pronto como he cruzado la bocana y estoy ya metido en harina, pero la inquietud previa no me acaba de abandonar nunca.
Decía Sir Robin Knox Jonhston, cuyo valor está, supongo, fuera de toda duda: "quien diga que no tiene miedo al mar, miente".
Interesante tema, desde luego.
