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Corsario
 
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Predeterminado De Almerimar al Mar Menor

Solté amarras y aumenté el régimen del motor, enfilando la bocana. La torre de control de Almerimar fué quedando atrás lentamente mientras el Alkibla salia por el canal en busca de la bahia. Atrás quedaban cuatro dias de trabajo poniendolo a punto para la travesia que tenia que llevarla hasta el Mar Menor, entre 85 y 90 millas y dos dias y medio para hacerla. Solo. Cuanto mas cerca estaba el momento de soltar amarras, mas se iba adueñando de mi un cierto desasosiego, pues nunca habia navegado en solitario patroneando y aunque confiaba en mis recursos y experiencia marinera, la sensación de incertidumbre me mantenia en estado de alerta, lo que unido al cansancio de los últimos dias de trabajo y acopio elevaba mi nivel de estrés. Todo ello desapareció al cruzar las farolas de la entrada del puerto y salir a la bahia. El tiempo era bueno, soplaba una brisa del sur y la mar estaba ligeramente tendida tambien del sur, por lo que ,tras darle buen resguardo a la escollera que quedaba a sotavento, me dispuse a poner el motor en punto muerto para el izado de las velas. Tengo que añadir que pertenezco a la especie de los autodidactas y mi experiencia en la vela no era excesiva, sino mas bien lo contrario. Cuando navegas con amigos, de marinero de cubierta, normalmente te limitas a realizar las maniobras mas comunes, izado, arriado, cobrar y largar y poco mas, quedando el trimado a cargo del patron; en mi caso, como poseo cierta habilidad como timonel, los patrones me solian confiar la caña o la rueda mientras efectuaban o dirigian la maniobra de las velas. De cualquier forma, aun desconociendo en profundidad el arte de la vela, sabia lo suficiente para defenderme sin hacer virguerias. El resultado de mi autosuficiencia fué una dura lección que me enseñó en media hora más de lo que habia aprendido en treinta años, a evitar que los sables se traben en unas burdas mal estacionadas, a izar a puños una mayor sin winche procurando no atravesarme a la mar, a evitar que las drizas se enrredaran en los obenques, a empuñar correctamente las escotas y pasarlas adecuadamente por sus carros por fuera de los obenques, a dejar una genova bien evergada y estirada en cubierta, lista para izar y cazada ya en su winche, a evitar las malignas cocas y enredos, a correr por la cubierta de la proa a la bañera sin dejarme los cuernos en la jarcia, el trimado del amantillo y algunas cosas mas. Despues de luchar con el aparejo a brazo partido conseguí estabilizar el barco con la mayor y el genova portando, a costa de algunos rasguñones y alguna sangre ! estaba navegando !. Quité el cabillo que trababa la caña a la via despues de apagar el motor (un maldito fuera borda) y me senté placidamente en la bañera mientras el corazón me latía con fuerza: ¡¡ a casa !!
(Continuará)

Editado por albacora en 30-04-2008 a las 11:41.
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