Hace bastantes años, volviendo de Cabrera a Palma a orejas de burro, venía de vuelta encontrada un queche grandote a fil de roda y sin vela ninguna. Estábamos entre Cabo Blanco y Regana. El bicho andaba mucho, y como pudimos, maniobramos para dejarlo por babor. Ya desde lejos nos extrañó no ver a nadie. Y sí, se me ocurrió, y cuando ví que no había nadie bajé a por la bocina de niebla. Un buen bocinazo a menos de dos esloras, y del Amel Super Maramu salió un francés en pelotas y acalorado.
La historia que habéis tejido entre todos nos sucedió a nosotros entrando en la bahia de Palma.
La verdad es que si hubiera salido vestido lo hubieramos olvidado, pero así es una anécdota graciosa que a veces recuerdo. Solo que era ya verano y a la caida de la tarde...
