Hola cofrades. Unas

a vuestra salud, que hoy es sábado.
Un recluso, se nota un dolor en un brazo; tras examinarselo varios médicos, le encuentra algo incurable y hay que amputarselo.
Una vez terminada la operación, el recluso se dirige al Alcaide de la prisión, para solicitarle, que le deje enterrar su brazo amputado con su madre.
- Sr. Alcaide, es que mi madre a muerto hace muy poco tiempo y yo la quería mucho.
El Sr. Alcaide accede.
A los pocos meses, el recluso vuelve a sentir un dolor en una pierna. Lo vuelven a examinar y le tienen que amputar, también, la pierna.
Tras la operación, el recluso vuelve a pedir al Alcaide que le deje enterrar la pierna con su madre; el Alcaide accede nuevamente.
Otros pocos meses después, el recluso siente un nuevo dolor en la otra pierna. Se repite todo el proceso y hay que volver a amputar. Una vez mas, tras la operación, el recluso le pide al Alcaide que deje enterrar su miembro amputado, en el nicho de su madre. El Aldaide, se mosquea un poco y a regañadientes, accede por tercera vez a la petición del recluso.
Unos meses mas tarde, nuevamente siente el recluso un dolor en el otro brazo. Nuevas pruebas y amputación otra vez. Y otra vez, tras la operación, el recluso a ver al Alcaide. Este, ya sensiblente mosqueado, le contesta al recluso:
- Muy bien, lo voy a dejar, por última vez, que entierre su brazo con su madre; pero oígame:
¿Vd. no se estará intentando fugar "poquito a poco"?
