Interesante post

Evidentemente, las razones por las que cada uno escoge su nevera son muchas y variadas: espacio interior, presupuesto para gastar en ello, necesidades, uso a que se va a destinar...
En mi caso, al ser mi barco mi casa (en verano), y teniendo almiranta y cuatro churumbeles, obviamente el frigorífico tenía que ser lo más parecido posible al de casa. De hecho, el barco ya lo traía: compresor, evaporador...
El problema es que se estropeó, y tuve que optar por cambiarlo o arreglarlo. Arreglarlo, al final, me iba a costar parecido, para no saber cómo quedaba, por lo que opté por cambiarlo.
Encontré una página web donde explicaban cómo hacerlo y te suministraban el aparato (nada de 900 €, a mí me costó 430 €, en 2007); me lié la manta a la cabeza; me puse manos a la obra (tuve que desmontar la mesa de cartas y los mamparos de babor), y...
La cosa salió bastante bien: sigo teniendo una nevera enorme en la que enfrío la comida de seis personas (y las birras de 12), que me hace hasta cubitos para los cubatas (adios al j**ido saquito a 1,5 €)... ¡y me dio un subidón de autoestima por haberlo hecho yo solito, que no os podéis imaginar!

Lo único que lamento es no haber inmortalizado con la cámara para colgarlo en Brico-barco...

En cuanto a la fuente de alimentación, como mi barco tiene placas solares, la llevo conectada casi siempre, aunque no esté conectado a puerto, con lo que las cervezas siempres están frías...


