Pues yo solo me quedo con el café. Es verdad, los anglosajones (americanos) hacen un café que no hay Dios que lo trague. Menos mal que el barco está bien construido. Para que luego digan de los barcos antiguos.
Y por supuesto la flema britanica. "Por que no nos paramos y pensamos lo que hacemos". Eso si es auténtico.
El relato empieza muy bien engancha mejor y luego se descubre lo onirico.
