Mi pésame a todos los allegados. Como montañero siempre he admirado a quienes ponen literalmente su vida al límite de las probabilidades de perderla, consciente y voluntariamente, y eso en el Himalaya es en cada expedición, máxime si, como Iñaki, las plantean como montañeros, no como turistas con la corte de sherpas y oxígeno que "suben" a ciertas montañas del Himalaya. Y ha muerto como montañero. Quiero resaltar una vez más que en el Annapurna ha funcionado la solidaridad aunque no haya servido para salvarle la ida, teniendo que en cuenta que en una operación de rescate a esas altitudes y en una montaña como esa los rescatadores también se juegan la vida.
No hay brindis pero sí una ovación póstuma a un gran montañero.
Y no olvidemos que otro gran montañero (Carlos Pauner) también lo ha pasado muy mal en el Lhotse en las mismas fechas, pero ha podido superar el principio de edema cerebral que ha padecido.