22, 23 y 24 de Mayo
Efectivamente el 22 llegamos a Aguadulce sin problemas en nuestra “navegación” terrestre. Alberto estaba a punto de comerse un bocata a nuestra llegada. Le acompañamos y, después, nos dedicamos a estibar el resto de las viandas y botellerío.
Al día siguiente Alberto, como más joven, tuvo su “bautismo de palo” y trepó, asegurado con los arneses de maese Pámpano, a los casi 16 metros del que tengo en el Kacao para intentar arreglar el anemómetro (estaba gripado) y poner una nueva veleta, ya que la anterior había desaparecido este invierno en medio de los temporales ventosos que ha habido en Almería.
Había que verle al bajar: sudoroso, temblón… en fin, ¿quién no sabe cual es la sensación de estar colgado a más de 18 metros de altura, apoyado en unos peldaños (mi barco los tiene) y lleno de arneses de seguridad, mientras contempla lo pequeño que se ve un 38 pies desde esa altura?.
Bueno, pues no arregló nada pero bajo con los deberes hechos

, porque estudiado el problema “in situ”, se halló la solución, que llegó a las 20:00 cuando por segunda vez se encaramó al palo y, después de una buena media hora, consiguió colocar la nueva veleta y asegurarse de que debo cambiar el anemómetro. No hay solución posible por mucho “chirifú” (tres en uno) que se le eche.
Ducha y cena con nuestra cofrade Polen y, después de un buen rato con copichuelas en la bañera (el pacharán de maese Iruñaberri insuperable)

nos fuimos a dormir.
Al día siguiente me despierta la lluvia. Son las 07:45 y no hay viento. Polen se pitorrea de mi porque, SIEMPRE, me toca pasar el cabo (de Gata) o a motor o… a motor, es decir, sin viento o con viento del E. Me meto en una conversación por el canal 77 con otros cofrades que se encuentran en Roquetas. Nos presentamos, nos despedimos y tal. ¡Que grande es el FORO!.
Desayunamos, gasoil (jo, macho, 1,33 el litro!!!!)

agua a tope y vámonos. Eran las 10:40.
En la bocana nos encontramos con que el viento de poniente se levanta.¡Increíble!. Sacamos mayor, sacamos génova y me doy cuenta de lo que se olvida navegar durante casi un año. Debido a mi dislocamiento del hombro no había navegado desde mediados de Julio del 2007. La práctica se pierde y, además, llevo tripulación poco experta. Meteduras de pata sin límite hasta que me hago con el barco (menos mal que el Kacao es un barco que te perdona toda serie de patosidades).
Ya arrumbados el viento crece sin parar. Lo que era un F3 pasa a F4, después a F5 y se planta en un F6 declarado. Hay borreguillos, borregos, cabras, vacas, elefantes… y las pugneteras “tres marías” le menean el culo al barco como si fuera un sonajero. Bajamos mayor y recogemos un tercio de génova. El barco anda que se las pela, pero las jodías marías siguen haciendo de las suyas. Algunas vienen como campanarios y chocan con la balsa de salvamento (la llevo en popa, en el balcón). No embarcan agua, pero acojonan.
Pasamos Gata y el mar baja. El viento sigue del SW y, pasado el morrón de los Genoveses, vuelvo a sacar génova (quien haya pasado ese cabo sabe lo de las roladas de viento). Solo saco 2/3 y andamos como tiros. Hacemos puntas de 9,7 nudos

y decidimos llegar a Garrucha. Nos turnamos a la rueda. Los “novatos” se hacen pronto con el manejo y, aunque el aparente llega con un ángulo de 170º, consiguen mantener el barco a la vía casi siempre.

Frente a Carboneras el viento del W y del SW se entuba siempre. Cojo la rueda y llegan rachas de F7.

Aún protegidos por tierra las olas rompen en el costado de babor y, a veces, nos mojan. Seguimos andando como tiros. No hemos comido más que unos picoteos mientras estábamos libres de la rueda, pero no importa. Cerca de Garrucha, frente a Mojacar, las rachas se hacen más fuertes.
A dos millas de la bocana recogemos génova. El enrollador se enreda y las pasamos p*tas hasta que conseguimos dejar la vela en su sitio. Llamo por radio. A la primera no me contestan pero a 1 milla de la bocana lo vuelvo a intentar. Me dicen que no hay sitio, pero que me puedo quedar en el muelle de la gasolinera. Fenómeno!.

Llegamos a las 20:15, hacemos la entrada (estaba la verdemérita) y, después de colocar el génova correctamente, descansamos por fin. Estamos cascadillos.
Cena en la bañera y, casi al final, vemos rayos en lontananza. Se acercan y me hacen recordar mi tormenta F11 que pasé en el 2006.


A ver que pasa mañana…
Continuará…
