La suerte fue que a diferencia del puerto de Ciudadela, el de Sóller tiene mayor amplitud, por lo que las oscilaciones en las rissagas no son tan drásticas, aún así, la tensión y el mal rato que se pasó fue grande, temiendo lo peor, en caso de no poder aderezar el muelle (en el momento de las crecidas, el mar actuaba como un torrente deslizando el muelle y abortando toda acción que hacían los voluntarios para evitarlo), que consecuentemente habría cerrado literalmente el canal de salida del puerto, con destrozos que es mejor ni imaginar.
Nuevamente mi

y

para todos aquellos que aunaron fuerza y esfuerzo en aquellos momentos.
Un

por todos ellos. Se lo merecen!!!