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Antiguo 27-05-2008, 12:57
Avatar de Crimilda
Crimilda Crimilda esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: ¡¡¡ Forítica En El Polo, No!!!

¡Taberneroooo! ¡Había dejado la bebida, pero como me has degradado y quitado el único agrademiento que tenía traete unos garrafones de absenta que la voy a pillar otra vez! Además mientras llegan los garrafones te voy a contar una historia que le contaron a mi padre como cierta y, como cierta, la cuento para tí y la concurrencia.

“Hace cientos de años, en un promontorio de la costa española se levantaba orgulloso un hermoso monasterio de frailes franciscanos. El pueblo de pescadores que debía darles diezmos con su pesca, cuando el tiempo era infernal y no podían salir de pesca, vivía en realidad de los excedentes del trabajo de los frailes. Al principio, de las frutas y verduras que cultivaban los magros religiosos pero, desde hacía 10 años, exactamente desde que hicieron abad al hermano Ignacio, caían también buenos chuletones, hermosos capones, suculentas chuletas de cordero y algún que otro exquisito jamón. Los aldeanos estaban encantados de que el abad, ganadero en su estado laico, hubiese llevado a la abadía todo su ganado (que no era poco) como dote. Y es que este santo varón tenía un defectillo: adoraba la comida. La buena comida, se entiende, en la que la verdura se usa como guarnición de otros platos más contundentes. Así, en esos 10 últimos años los delgadísimos y tristes frailes se habían convertido en alegres y orondos religiosos. Eso sí, sólo se hacía una comida, pues por la noche bastaba un simple vaso de leche, no era gula, no.

Pero, en el undécimo año, los monjes empezaron a morir en cantidad mayor de la habitual. Los aldeanos, alarmados ante el fin de tan excepcional comunidad de frailes, trajeron un médico de la gran urbe. El médico reunió a los miembros del monasterio y, al ver las redondeces de los presentes, preguntó al abad.

- ¿que se come en esta comunidad?
- un albondigón cada uno, cada día y nada más.
- ¿albondigón? ¿Y que es eso?
- Pues un cabrito eviscerado que se ha rellenado con un capón al que se le ha introducido un chuletón de buey de un kilo más o menos y unas cuantas trufas.
-¡Jesús! Ahora lo entiendo. Pues se acabó. Volverán a las coles para comer y las acelgas para cenar y nada más.

Dos meses después las muertes habían cesado, pero los frailes estaban tristes y sin ganas de trabajar y la inquietud volvió a la aldea y a la abadía. El abad, hombre sabio donde los haya, reunió a la comunidad y sentenció: “Albondigón por barba, caiga quien caiga.”

¡Tabernero! ¡Cambia albondigón por garrafón y aplícate el cuento. ¡¡Degradador insensible!!
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pero vive como piensas,
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perseo56 (09-06-2008)