Pues, Rom, a mí me parece normal que el ciudadano opine, lea y se informe sobre estas cuestiones.
Evidentemente hay aspectos de las investigaciones científicas que a la mayoría se nos escapan, no tenemos esa formación específica. Pero creo que podemos llegar a discernir la lógica en los razonamientos. Porque hoy en día, una de las características de la ciencia, es que ya es capaz de hacerse entender por todo el mundo en un lenguaje asequible. Quizá simplificado y resumido, pero asequible. Es lo que se llama divulgación científica.
Los Gobiernos, los agentes económicos, sociales, etcétera, toman decisiones teniendo en cuenta datos provenientes de esa divulgación. Y los decisores no son científicos. Un ejemplo ya mencionado aquí, es el mismo Al Gore, cuyo background científico es manifiestamente mejorable (como el de la mayoría de nosotros) y sin embargo, tiene un mensaje y una serie de opiniones que basa en datos que otros han elaborado. Es normal.
Resulta que vivimos en una era en la que (como ya he comentado), el ser humano es consciente de la importancia de la conservación de su medio natural. Y como consecuencia de ello, los medios de comunicación y los ciudadanos, tienen opiniones al respecto.
Y deben tenerlas, porque las decisiones que se derivan de todo esto, van a influir en nuestras vidas. Los programas que votamos tienen un importante componente en este sentido. ¿Cómo no vamos a intentar informarnos o formarnos un criterio?. Sería absurdo ignorarlo pudiendo acceder a toda la información de una forma tan simple como Internet.
Los recuerdos.
Te diré mis recuerdos, Rom. Recuerdo unos inviernos fríos, calentados por una estufa de hierro. El pan de higo, los sacos de carbón, y mi abuelo yendo a cazar clandestinamente para traer algún conejo (de algo me viene

) para aderezar las patatas. Los lobos bajando del pico de Abantos en El Escorial, para llevarse alguna gallina de las exíguas granjas "caseras" que tenía la gente para subsistir. Hablo de 1968, como verás, no hace tanto.
Recuerdo el olor de las castañas asadas en la estufa, el sonido de las botellas de anís castellana raspadas con un tenedor en la madrugada de Nochebuena y los sacos del aguinaldo llenos de mandarinas, polvorones y nueces.
Pero también recuerdo a mujeres lavando a mano con tabla, bañarme en una palangana con agua calentada en el fogón, subir andando al médico hasta San Lorenzo, que estando malito es toda una odisea, dos horas en el tren para llegar a Madrid (con suerte), que esta a sólo 50km. Carreteras donde muchos amigos se dejaron la cabeza (y la vida). Un practicante y un cura por toda atención médica. Y si hablamos de la información y el acceso de la ciudadanía a ella, mejor cogemos una caja de kleenex, que seguro que entre tu y yo nos la fundimos.
La vida era diferente, estoy de acuerdo, pero independientemente de los aromas, la felicidad de la infancia y sus juegos y la melancolía, la vida era para las personas muchísimo más dura.
En sólo cien años, la industrialización ha traído muchas cosas. Unas buenas y otras malas, no hay duda. Y hablas del primer mundo, pues prepárate ahora que países como India y China se están desarrollando a un ritmo del 10% anual. Lo nuestro te va a parecer un jardín de rosas.
Pero esas gentes, tienen derecho a vivir mejor, como nos ha pasado a nosotros. No podemos condenarles al subdesarrollo, porque necesitan desarrollarse. Y de nada vale el 0,7% de los ingresos estatales, si sólo sirve como donativo. Esto sólo generaría una dependencia injusta (para ellos) de nuestros excedentes económicos. Tendrían que vivir con nuestras migajas.
Hemos de preservar el medio natural, y para ello hemos de comprender realmente como funciona, cómo es su dinámica y de verdad, qué le afecta. Pero tiene que haber forzosamente un consenso científico, que es el único aséptico, para que lo que se haga, sea lo mejor posible y lo más equilibrado.
Hay quien dice haberlo comprendido todo, de tal modo que esto le permite dibujar un apocalipsis. Para evitarlo, la primera medida es llenar sus bolsillos de fondos públicos. Bueno, es una forma de verlo. Hay quien discrepa abiertamente con criterios científicos. ¿No hay que considerarlo?.
Hay que aceptar que se contrapongan otros datos. Otras opiniones, otros juicios. Y que el debate llegue donde tenga que llegar, quie para eso son los debates. Y, sobre todo, que los ciudadanos cuestionen y pongan bajo sospecha permanentemente la acción de los gobiernos. Eso es salud social y democrática.
Yo no sé qué color pueden tener una gráfica de temperaturas, un artículo de divulgación científica o un estudio sobre el CO2, es algo que observo con estupor. Las opiniones personales (las conclusiones) sí pueden ser mediatizadas, pero los datos no. Y no se trata de estar a mi favor, en tu contra o viceversa. Se trata de que pongamos datos sobre la mesa y que veamos si nuestras opiniones son respaldadas por ellos, o no.
Lo que no vale al final, es cerrar los ojos ante la información. Ni tampoco acusar de planteamientos partidistas a quienes no comparten nuestra visión. Eso son sólo juicios de valor.
El valor de los datos lo podemos determinar por la naturaleza de las fuentes y el método de estudio. Nada hay más razonable. Y nada tienen que ver con quién los aporta, su nombre, nacionalidad o adscripción política. La ventaja que tiene la ciencia es que se puede obviar todo eso.
La prueba de que no hay consenso generalizado es este mismo post.

Un Abrazo
Rog
PD: Lo malo que tiene Andalucía es que no hay otoño, o al menos, no identifico sus sensaciones. Si hay primavera, pero echo de menos el otoño. Sueños de un cuarentón que hace nada cazaba lagartijas con sus amigos
PD2: ¡ vaya co*azo que les he soltao !
