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Antiguo 29-06-2008, 10:33
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Crimilda Crimilda esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Cuento marinero ilustrado

Vistos los ácidos comentarios del cofrade Mazarredo, prescindiré del lenguaje marinero para acabar mi relato. Está visto que si yo me ojeo el libro del Per para poner algún término náutico (que ya me cuesta, ya, hacerme a la idea sin un barco a mano) el exigente cofrade me va a reclamar los conocimientos de un Capitán de yate con veinte años de experiencia. Él se lo pierde, porque se reirá menos.

Diez. Oscuridad

No tuvo demasiado problema para izar la mayor, puso el barco proa al viento amolló el cabo de rizado y tiró de la driza. Aquel barco estaba en perfectas condiciones. Todo funcionaba como una seda y las notas que había tomado el día anterior, mientras le hablaba el armador o buscaba información en Internet, le ayudaban mucho.

Al rato, viendo que había encontrado un sitio ideal para fondear y ya, apenas, navegaba a motor dirigió a barlovento, cuando le pareció que se había frenado suficiente, fondeo derivando luego despacito a popa.

Ahí estaba, mientras él se afanaba en colocar la cena sobre la mesita que había sacado a la bañera, y el sol empezaba a caer ensangrentado y ardiente a lo lejos, los cumulonimbos se iban formando. Ni se fijó, nunca le había interesado la meteorología.

Colocó los mariscos, el excelente vino, el vaso de agua con las dos cajas de fenobarbital diluyéndose y, aunque pasó de la carne, colocó los postres. Se encontraba algo confuso y no tenía mucha hambre. Salteó las mortales setas y las colocó también sobre la mesa. Puso la música que había seleccionado para su muerte. Las primeras notas del “Ocaso de los dioses” empezaron a sonar, cuando llegaran al funeral de Sigfrido este trozo se repetiría hasta que el barco se hundiera. Pero él no tendría oportunidad oírlo más de dos veces. Se sentó de cara a la costa y empezó su banquete.


Fueron los obenques los primeros que empezaron a delatar la presencia del viento. Pero no pasó mucho tiempo y ya el viento racheado y fuerte empezó a hacer de las suyas. En lontananza, sobre la costa, la tormenta eléctrica empezó a manifestarse De pronto Juan vio el relámpago mientras moría el sol.







- Eulogio ¿has visto eso?
- Si, Juan
- ¿Y te vas a perder otros momentos como este en la vida por una cabezonería? Porque a ti la tía esa te importa una mierda.
- Bueno la verdad es que….

No le dio tiempo a dudar más, las condiciones del mar le hicieron despertar del letargo absurdo en el que se había sumido aquellos días. Mientras las jarcias gemían lúgubremente, el barco daba bandazos escorándose peligrosamente, ora a babor, ora a estribor y la vela se agitaba locamente, su miedo afloró más pujante que nunca.

- ¿Qué hacemos, Juan, cómo salimos de esta?

Pero como siempre en los momentos de peligro, Juan no apareció, le dejó solo. Y el era incapaz de razonar cuando el miedo le atenazaba. Intentó salir de allí a escape pero se olvido de levar anclas. Todos los someros conocimientos acumulados en dos días se le borraron como por ensalmo. Y como la vela se agitaba violentamente se le ocurrió que arriarla era lo más sensato. Corrió hacia la mayor e intentó hacerlo pero ¡aquello estaba enganchado! ¡qué hago, qué hago!. El ulular del viento, el continuo rasgado del cielo, ahora oscuro, por los relámpagos, la horrísona presencia de los truenos, más el alocado baile del barco, juguete de las olas, le empujaron a la mayor locura que un aprendiz de brujo podía hacer: intentar subir a la cabeza del mástil para desenganchar la vela.

Cuando cayó y se hizo la oscuridad en su mente, sonaban majestuosas las notas del funeral de Sigfrido. La tormenta eléctrica comenzó a amainar.

Continuará. Mañana el desenlace.
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pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.

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