No hay que ignorar estas actitudes,
en otros países es normal recriminar públicamente al "listillo": sin agresividad, con educación pero con firmeza.
Tan gratificante como ayudar a un desconocido (a amarrar, por ejemplo) es alertar a otro sobre lo que está haciendo mal (echar la basura en el contenedor equivocado, quitar la toma de corriente al vecino o colarse en la gasolinera).
Pensadlo, no se trata de ser un dominguero o un maleducado, el problema es que nadie le ha explicado que no es más listo que los demás (aunque esté convencido de que sí).
Anécdota:
entrada de los Ufizzi en Florencia, 500 turistas en la cola, más de una hora de espera. Llegan tres italianos y se ponen en el puesto 15 de la cola. Italianos, españoles y franceses miramos sorprendidos y comentamos la jugada. Una inglesa (o estadounidense) de 50 años se acercó a ellos, la ignoraron y, ni corta ni perezosa, se fue a buscar a un policia local. Tras la correspondiente discusión, los "listillos" se pusieron detrás de la "justiciera". Esta no se quedó conforme hasta que se fueron al final de la cola.
Toda la fila aplaudió pero sólo una persona tomó la iniciativa de echarlos,