Martes 22 - 06:30am. Estación de Santa Justa (Sevilla)
Sube al tren circunspecto (el circunspecto es El, no el tren). No es que sea una actitud frecuente en su carácter, es sólo la hora.
Un tren es un buen lugar para estrenar un "Moleskine", pero hay trenes y trenes. El diseño de los cercanías de Renfe es capaz de dar al traste con todo el romanticismo de la herencia de Hemingway, y tantos otros célebres viajeros.
La palabra "clase" al definir la categoría del vagón, es sólo una macabra hipérbole. El imagina a Joseph Menguele diseñando esos vagones cuando era becario de la facultad de Medicina.
Las siete, se pone en marcha. Comienza su viaje. Hojea un libro con una recopilación de relatos de Oscar Wilde, "El Arte de Conversar". Pero pronto siente la atracción de Nassim Taleb y su Cisne Negro ante el abrumador derroche de ingenio cosmopolita de Wilde. Son las ocho, un mensaje en el teléfono. Ella ya está en Granada. Hará unas gestiones y se reunirán en cualquier rincón de la ciudad.
La hora de llegada son las 9:56am. Vuelve a sumergirse en el caos escéptico de Taleb. A las 9:40 habla con ella por teléfono, le esperará en la estación de Granada. Al llegar a la estación puede sentir el torrente de fuerza que ella desprende. Son apenas las 10. Ya ha aterrizado, recogido el equipaje, reservado una taquilla en consigna de la estación de autobuses para guardar equipaje, ha visitado una comisaría local, se ha colado en una fila con 56 emigrantes esperando y además, le ha dado tiempo a desayunar un café con churros e irle a buscar a la estación. Toda una “peoná”, como se suele decir por estas tierras, antes de la hora del cafelito.
La imagina entrando en Granada a lomos de un caballo árabe, tocando diana con una corneta y despertando de su sopor a los funcionarios. ¡ Es hora de currar, chicos, se acabó la siesta !.
Subir al Sacromonte o dar un paseo por el Albaicín parece un buen plan para hacer tiempo. El calor comienza a ser sofocante. En la estación de autobuses hace hueco para El en la consigna y guardan el otro equipaje. Cruzan el semáforo para esperar, a la sombra de una terraza y con un refresco en mano, al Timonel. Suena su teléfono, el Timonel anuncia su llegada y pide la posición. Habla desde un iPhone. El arsenal tecnológico del Timonel es de primera. Aparece poco después detrás de un autobús y cargado con sus mochilas. La tripulación está completa.
El nunca tuvo buen feeling respecto a los aviones de hélices. A decir verdad no tiene buen feeling en general en lo referente a ingenios voladores, porque como El siempre dice; “Si Dios hubiese querido que yo volase, me hubiera puesto alitas”. El primer e inquietante intento frustrado de despegue despierta todas sus alarmas.
Ella se da cuenta. No sólo por su innata intuición, sino porque El le dice: “Con esto lo paso fatal”, y le habla para distraer su atención, El lo agradece. Acabar así es una solemne tontería; un avión roto. ¡ Qué escasez de épica ¡. Finalmente y bajo el manto de nubes, aparece Melilla botando entre las ventanas del avión que aterriza trabajosamente y escorado. Nuestros amables anfitriones esperan en el aeropuerto. Hoy cenaremos con la flor y nata de la ilustre Rusadir, y con Don Manué, el de la Copa del Rey.
De la acogida queda el testimonio fotográfico entre bromas, risas, barbacoa, pinchitos morunos, amigos, cerveza fría y un fiel mastín de ochenta kilos.

En la bañera del catamarán, en el Náutico de Melilla, Ella en primer plano y El.

Con nuestros anfitriones.
Para los cachondos: No, El no es Bond.

Con Don Manué (el de la Copa del Rey, como todos sabéis)
Y tampoco, hoy no es el día del orgullo Gay.
De la fiesta nocturna de recibimiento habrá (espero) más fotos.
El parte para mañana no es malo. Levante moderado. Pero comenzar la travesía con el viento de proa es una mala idea. El piensa que todo el mundo ha de tener tiempo para amarinarse. Pasado mañana el levante amaina y rola a poniente. Es la ventana para cruzar Alborán. Mañana “shopping” y paseos por Melilla. Relax. El camino es largo y habrá tiempo de castigarse.
La tripulación se retira a tomar posesión de sus camarotes. Mañana espera un duro día de shopping bajo los últimos coletazos del levante del Mar de Alborán.
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